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domingo, mayo 26, 2024

Inteligencia artificial a la vanguardia colonial

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Por: @DuberneyGalvis

En marzo el parlamento europeo aprobó el reglamento de Inteligencia Artificial (IA). Una vez más la Unión Europea (UE) es pionera en la regulación de los sistemas informáticos, protegiendo la seguridad y los derechos ciudadanos sin sacrificar los avances tecnológicos. En Colombia, por el contrario, primero brotan los anuncios grandilocuentes antes que los avances regulatorios de la IA.

Dicha ley europea incorpora salvaguardias, límites de identificación biométrica, derechos laborales, sostenibilidad medioambiental, prohibición de la puntuación ciudadana y explotación de las vulnerabilidades de los usuarios, entre otros. Primero protegen los derechos y luego preparan las demás esferas para impulsar la innovación y convertirse en líderes del sector.

La ley respaldada por las mayorías del euro parlamento, prevé obligaciones y prohibiciones para sistemas de IA de alto riesgo, «que pueden ser muy perjudiciales para la salud, la seguridad, los derechos fundamentales, el medio ambiente, la democracia y el Estado de derecho”. Entre estos identifican “infraestructuras críticas, la educación y la formación profesional, el empleo, los servicios públicos y privados esenciales (por ejemplo, la sanidad o la banca), determinados sistemas de las fuerzas de seguridad, la migración y la gestión aduanera, la justicia y los procesos democráticos (como influir en las elecciones)» (www.europarl.europa.eu/ marzo/2024).

También abarca la identificación biométrica a manos de las fuerzas de seguridad, estipulando la prohibición a priori, salvo situaciones específicas con definiciones claras como búsquedas selectivas de personas desaparecidas o prevención de atentados terroristas, siempre mediadas por autorización judicial o administrativa. Y queda prohibida la puntuación ciudadana, como los castigos y recompensas asignados a los comportamientos de las personas, un asunto que trasciende las ficciones las de George Orwell y series como Black Mirror, teniendo lugar en China y Estados Unidos cuando puntúan individuos según el grado de civismo, nacionalismo o para determinar las empresas o sistemas que merecen su confianza. 

También imperan los criterios de transparencia sobre los modelos que entrenan en la IA. Prevalece el principio de proteger los derechos y hacer respetar las normas antes que la IA entre en vigor. 

Ahora bien, considerando solo el ejemplo de los riesgos en la educación, no queda margen para evitar llamar la atención sobre anuncios como los del ministro de las TICS, Mauricio Lizcano, emitidos en zonas pobres de Ciudad Bolívar o en Manizales con aquello de «la primera facultad de inteligencia artificial», dando a entender, por ignorancia o politiquería ―perjuicios inseparables―,  que conciben la IA como unidad aparte de la ingeniería de sistemas; además, obviando que en cuanto a ética y sostenibilidad en IA, el ministerio apenas tiene una “hoja de ruta”, como tantas que se desprenden a menudo de los otoños ministeriales; eso sí, sometida ante las compañías estadounidenses (www.mintic.gov.co abril/2024). 

En ese orden cacarean los “grandes centros de IA”, o los “hub”, como lo denominan esos cursos de verano que el ministro Lizcano realizó en el Cambridge Judge Business School. Así las cosas, mientras Europa habla de “gobernanza entorno a la tecnología”, el presidente Petro echa cuentos acerca de que “la IA puede suprimir la diferencia entre lo real y lo irreal, y debe producir una nueva realidad social” (La Patria, mayo/2024). A la vanguardia, pero colonial.

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