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martes, julio 23, 2024

Innovación: De la retórica a la puesta en marcha

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*Harold Salazar Arboleda

Columnista

Es hora que nuestras universidades pasen de la teoría a la práctica en el tema de la innovación en sus modelos pedagógicos. Las exigencias y los retos que impone el cambio en sus diferentes dinámicas asi lo exigen. Es necesario articular varios conceptos antes de concluir.

En las últimas décadas han prosperado diversas teorías administrativas: La Gestión de la calidad Total, los círculos de calidad o “Círculos Deming”, el servicio al cliente – Karl Albrecht, el mejoramiento continuo – Kaizen – la planeación estratégica, el desarrollo y clima organizacional, entre otras. Peter Drucker en los años 90 comenzó a plantear la necesidad de la innovación al interior de las organizaciones.

Cada teoría irrumpe entonces con alto impacto – por lo menos desde lo teórico- en el quehacer cotidiano de las organizaciones. Tal es el caso de la formación de sus colaboradores: Foros, seminarios, diplomados y asignaturas electivas, además de especializaciones. Pero de la teoría a la práctica existe un largo camino por recorrer.  El servicio al cliente ha sido socializado en múltiples escenarios del mundo moderno; el tema de la calidad coadyuvo a la aparición de las normas ISO y, de igual forma, se puede hacer referencia a las demás teorías. Sin embargo, la aplicación de los principios del servicio al cliente en la mayor parte de empresas todavía está en deuda. Igual puede decirse del tema de la calidad, el cual ha servido más para la aparición de densos manuales con una infinidad de numerales, que tornan paquidérmicas a las organizaciones.

Ahora, en el campo educativo, es pertinente resaltar la teoría del constructivismo. En la actualidad son múltiples las instituciones educativas que plasman en su proyecto formativo este modelo de aprendizaje.  La teoría, que nace en los años 40 con Vygotsky y Piaget, postula la necesidad de conferir al estudiante las herramientas que le permitan construir sus propios procedimientos para resolver una situación o un problema.

Pasando al escenario de las universidades acotamos la  imperativa necesidad de su innovación en la práctica. De la innovación ya existen suficientes tratados donde se hace el llamado a la necesidad de transformarse o morir en el intento.

Un importante número de aquellas aún transitan por una interpretación poco adecuada del constructivismo social al que se hace referencia hoy en día. El docente como simple trasmisor de información, que hace uso permanente del tablero o del video Beam, el espacio encerrado en cuatro paredes que se conoce como aula, configuran un modelo pedagógico que no responde a los requerimientos del mundo moderno, donde lo previsible desaparece, donde no se puede confiar en el futuro, pues aun los planes mejor trazados tienden a fracasar. Estamos en el marco de un panorama enteramente nuevo donde las suposiciones y prácticas tradicionales ya no tienen validez. ¿Cómo preparar a nuestro jóvenes sobrevivir y a prosperar en el mundo de esta nuevo siglo? “¿Qué tipo de habilidades necesitará para conseguir trabajo, comprender lo que ocurre a su alrededor y orientarse en el laberinto de la vida?” se pregunta Harari en su última obra.

La educación debe ser el centro del desarrollo de cualquier sociedad. Pero no cualquier modelo educativo. En nuestro país lo importante es obtener el título universitario, en los Estados Unidos la experiencia rodeada de conocimiento antes que el título. El joven debe estar preparado realmente para dar respuesta a los requerimientos que el entorno necesite. El modelo Finlandés de la educación se sitúa más en el campo de la filosofía Reggio Emilia, el cual replantea el rol del docente, es decir el docente guía y orienta desde la posición de experto, ayudando a reflexionar, a ser el motivador para que este construya un escenario potenciador de sus múltiples competencias, escuchando activamente, fomentando la colaboración, o esperando un resultado determinado.

prendizaje basado en la solución de problemas, o en la construcción de proyectos reales, es decir el estudiante aprende haciendo a través de proyectos auténticos y complejos que requieren colaboración en equipo y la guía del profesor. Aquí poco interesa el tablero, el video beam, el aula de cuatro paredes. Vygotsky y Piaget, siguen vigentes, pero su teoría debe pasar al campo de la práctica.

Muchos docentes se eternizan en el claustro universitario lejos de los contextos de la realidad. Frente a esto es interesante que tenga un año sabático en una organización, en una entidad donde logre hacer contacto con un entorno real, donde se pueda convalidar o ajustar su teoría para luego compartirla con estudiantes. La innovación debe dejar el campo de la teoría y pasar a la realidad.

*Docente Universitario

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