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Pereira
jueves, febrero 22, 2024

INELUDIBLE

Es tendencia

UTOPIAS

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No referirse a un fragmento temporal de tanta trascendencia y repercusión en nuestro, quizás anacrónico y ancestral talante y estilo, en la manera de darle lectura a los sucesos, todos aquellos sean anteriores, presentes o posteriores. No solo el mundo occidental acude en estas calendas, a la manifestación de alegría o de festejo, bien honrando una divinidad, recordando mitologías, pero en todo caso, entreabriendo una puerta transitoria hacia la paz, la felicidad, la familiaridad y en general al orden social donde se desenvuelven las colectividades, sujetos activos y pasivos del jolgorio. Imposible resistirse al cúmulo de emociones acumuladas y reprimidas durante el año o a través de los periodos de existencia o permanecer impávido frente a quienes de un modo u otro expresan un sentimiento o una exteriorización de cualquier índole, cuando aparecen las luces de navidad, los adornos, los pesebres, al momento de escucharse los sonidos melancólicos y efusivos de los villancicos y mayormente aún en los instantes en cuyo arrebato surgen las estridencias de la música bailable. Tampoco es ajena la instancia en capitalizarla en aras de intentar una reconciliación, un acercamiento, la proximidad a un deseo u objetivo en prospecto, un proyecto de vida. Y qué decir de aquella parte sentimental del individuo, acrecentada y consolidada en razón a las ausencias, las perdidas, los vacíos ocasionados a causa de las desgracias, los infortunios, la evocación de situaciones especiales, ruidosas y además ruinosas. Sin duda alguna son innumerables las circunstancias dentro de las cuales el ser humano es enrollado en este torbellino coyuntural, siendo fácil presa de las debilidades o artífice de las fortalezas, instrumentos empleados en la civilización en el cometido de hacer mutis por el foro en las actividades y curso normal del diario trajinar, a efecto de abrirle un paréntesis espiritual y produciendo un esguince cultural en el ambiente. Desde luego, la fecha posee un encanto y un aire singulares respecto del cual no caben las excusas, ni es de recibo rehuir y escapar del entorno, aunque en el alma de alguien no quepa el exceso de entusiasmo o en otros, salte la depresión y la tristeza, desbordándose unos en el exagerado derrame de lágrimas o de rictus graciosos. Factor de notoria incidencia lo representa una etapa del andar en el planeta y esencial a la hora de entrar en el balance y en el cruce de cuentas con los abriles. Es el relacionado a la juventud y a un trayecto inevitable de omitir, al brotar mecánico y espontáneo, motivado en la serie ininterrumpida de acontecimientos afincados alrededor de un recuerdo inolvidable, de su niñez envuelta en el remolino insondable de una inocencia rayana en la ingenuidad, de no comprender todavía la vorágine envolvente y tormentosa al acecho. En fin, la suerte está echada y será temporada de aguinaldos, gritos y sonrisas, de ánimos exaltados, de corazones rotos o de una rutinaria o distinta forma de asumir el rol de habitante de la tierra.

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