Héctor Tabares
El desasosiego al respecto, no está subordinado a un asunto estrictamente personal, menos aún de carácter local o regional, ni extremadamente parroquial, si es del caso. Tal condición de un ambiente o de estarse de manera indecisa frente a la realidad, obedece a un fenómeno de naturaleza universal y entregado con la facilidad y la inmediatez dadas a causa de la globalización, cuyo resultado de cierta entidad, hace extender las noticias y los estados de un cosmos fragmentado en ideas, roto en lo social y herido de muerte en lo espiritual. Aquí lo trascendental y preocupante no es por tratarse de un criterio individual incapaz de producir los efectos deseados o de pretender propinarle un vuelco a la rueda y cambiar la posición abruptamente. El acometerse, bajo el amparo de determinada coyuntura, es el compendio de la serie de acontecimientos, ahora pronunciándose de modo extremo y de irse presentando sucesos excepcionalmente experimentados en otras latitudes. La zozobra y esa especie como de malestar metido en el cuerpo y en particular, en cabeza, no tanto hueca, pero si impotente de asimilar los diversos y continuos vaivenes de la existencia, brota rebelde en un espacio dentro del cual las percepciones o presuntamente verdades de unos, se disparan en forma de regadera e intentan surgir en calidad de categóricas y de únicas en los demás, siendo contrarrestadas en igual y similar empuje, fuerza y también violencia, en otros sectores parcialmente considerados los dueños de la razón y de la inteligencia. Más de mayor virulencia, hasta acudir a los excesos de la convicción a base de golpes y de latigazos hacia el contradictor, supuestamente ilegítimo. Es cuando la crispación fluye ante la radical postura de quienes lanzan las voces en alta frecuencia y las acompañan de amenazas y de ofensas a doquier. Y es el momento de asistir a la ausencia absoluta de un filósofo, estadista, intelectual o experto en una ciencia específica suficientemente dotado de los atributos idóneos, para concederle toda la credibilidad. Empero, a medida del paso del tiempo, de la transformación veloz y sin tregua de los avances tecnológicos, las esperanzas parecen agotarse y el panorama pinta nada bueno, en atención a las ondas negativas percibidas. Originadas en la pesadumbre de indisposición innata y de la nostalgia del pasado, añorando la simpleza de las cosas, la espontaneidad de los comportamientos, la delicadeza del trato, lo elevado y constructivo de la discusión y de los debates, Desde luego, posiblemente sea actitud errónea, adversa y poco edificante, secuela de lecturas equivocadas o de un planteamiento de paralela contextura. Ojalá que Dios nos coja confesados, al decir del gracioso y no de los calzones en el lugar incorrecto.

Esta columna es cien por ciento kafkiana.