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jueves, abril 18, 2024

Impuestos endulzados al oído (Parte I)

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@DuberneyGalvis
Columnista

El dulce es de los cinco sabores básicos de la humanidad y de los únicos aceptados a escala global por todas las culturas y etnias como uno de los más placenteros.
En forma de azúcar elaborada en brillantes cristales, como fuente de alimento y energía, data del año 627, como parte del botín del asalto al palacio del rey de Persia por el emperador bizantino Flavio Heraclio Augusto. Transcurridos varios siglos de desarrollos históricos, los procedimientos para producirla se guardarían en Oriente como secreto de Estado, entre los siglos XVI y XVIII, hizo parte de la dieta exclusiva de las élites europeas y americanas para endulzar bebidas exóticas como el té, café y cacao, mientras los países de los que provenían, seguían consumiéndolos amargos. Solo hasta el siglo XIX, gracias a la industrialización, se puso al alcance de las demás clases sociales. (Historia del Azúcar. Carlos Azcoytia/2012).
Ahora bien, el rigor exige saber que los azúcares son dañinos cuando se consumen en exceso y a falta de actividad física, y que su presencia se registra en variedad de alimentos, como en los carbohidratos, que se descomponen en azúcares absorbidos por el torrente sanguíneo; de hecho, el exceso de arroz blanco, favorece las posibilidades de desarrollar diabetes tipo 2 (Archives of Internal Medicine. Harvard Gasette/2007).
Para ilustrar, Eider Correa, líder cortero de caña en el Ingenio Risaralda, explica que su trabajo bajo el sol en los valles del río Cauca, implica consumir al día, por lo menos, una ‘pimpina’ de cuatro litros de agua endulzada con media panela o el equivalente en azúcar, que ‘queman’ al movimiento de la pacora. Tal cantidad, en labores estáticas o vidas sedentarias, favorecería la obesidad.
Y la obesidad tratada por vías tributarias, no funcionó en países de Europa y Latinoamérica. La comisión europea no encontró “conclusiones robustas sobre el impacto de estas medidas en bebidas y alimentos sobre la salud pública”. Y en México no la contuvo; crecientes cifras de recaudo indicaron que no cedió el consumo. Y discuten si la medida terminó por recortarle a otros productos de la canasta básica. Subestimaron la base del impuesto y sobrestimaron las elasticidades precios de la demanda (Forbes/2016); es decir, las medidas no afectaron significativamente la demanda. Y las leyes económicas dictaron que la sustitución fue por otros no más saludables.
Este gravamen endulza a legítimos oídos preocupados por la salud, con consignas progresistas, pero materializa el carácter regresivo del impuesto al consumo. Es línea de varios gobiernos, incluido el entrante de Petro, en la idea de aumentar tributos antes que crear riqueza, como el clero español en 1.433 cuando promovía el diezmo sobre la producción de azúcar. Además del consumidor, afectaría a la agroindustria de la caña en Colombia, que abarca 241.000 hectáreas (25% de 12 ingenios, y 75% perteneciente a 2.750 cultivadores), con 280.000 empleos.
¿Qué hacer entonces? las estrategias más efectivas en otros países han sido el resultado de verdaderos programas de educación nutricional y salud pública; continuará.

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