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Pereira
jueves, febrero 22, 2024

(Im)Productividad.

Es tendencia

UTOPIAS

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Esta columna, increíblemente, pude escribirla hace veinte años y simplemente copiarla y volverla a publicar. Sí, veinte años, veinte veces. 

Y es que son ya dos décadas lo que lleva estancada la productividad nuestra como país (Este dato no le interesa a la ministra de trabajo ni a los sindicatos, como es apenas obvio). En un mundo moderno, cada vez más competitivo, nosotros nos quedamos estancados. Resulta paradójico y, principalmente, preocupante.

¿Para qué ha servido la inversión en capital de trabajo, principalmente equipos y en tecnología; y para qué la inversión formación superior, si nuestra productividad no supera nunca pálidos 0.8%, 0.64%, o incluso ha llegado a ser negativa en algunos años? Esa reflexión debe darse internamente en los gremios y en las empresas. No todo debe ser política y las reflexiones técnicas y duras, también deben hacer parte de la preocupación, tanto empresarial como del tejido trabajador.

Insisto, no le pidamos eso al ministerio ni a los sindicatos.

Un análisis económico relacionado, es el de la productividad total de los factores. Esta mide el crecimiento de la producción no explicado por los cambios en capital y trabajo, es decir, como señalan algunos economistas, el crecimiento explicado principalmente por las mejoras en el conocimiento. Ahí también estamos colgados. En 2022 fue del 0.8%.

Cuando empiezan, como lo harán esta semana, las “negociaciones” sobre el salario mínimo, es como si nada de lo técnico fuera importante. Las reflexiones siempre se dan más desde lo político y desde la nefasta corrección política, que desde la reflexión más justa de quién aporta qué y quién merece qué.

No podemos simplemente asumir que, para siempre, para incrementar la productividad tendremos que contratar más gente y comprar más máquinas. Esa gente tendrá que aprender a hacer más cosas en menos tiempo, y esas máquinas tendrán que aportarnos producción también más eficiente. Así es como se progresa.

La desnudez de la pobreza sindical quedó en evidencia en esta semana. Javier Milei (Que nos dará muchos ejemplos en lo sucesivo) dijo que le entregaría, que cedería la propiedad de, Aerolíneas Argentinas, a sus trabajadores. Esto para que, su sindicato y todos sus trabajadores tan socialistas y anti empresa, la manejen, la gerencien, se paguen sus salarios, la lleven a dar rentabilidad (Difícil)… etc. 

¿Qué esperaría uno de los sindicatos? Pues que agradezcan y digan de una que sí, que administrarán la empresa, pues se supone que ellos son superiores al resto de los mortales. Pero, oh sorpresa… dijeron que rotundo no. Que primero tenía que matarlos. O sea, los que se suponen saben más que los capitalistas, los que se suponen aportan más a las empresas con su trabajo (comparado con lo que aporta el capital), no quieren recibir las empresas… Sólo quieren seguir gritando, oponiéndose a todo… pero en el fondo, saben que son precisamente los capitalistas los que saben producir y sacar las cosas adelante.

Llevado a sus justas proporciones el rol de los sindicatos, tenemos que plantearnos cómo vamos a mejorar la productividad de todo y de todos. Seguir con la inercia que llevamos tras dos décadas, no nos ayudará a crecer como lo necesita el país.

Para estar informado

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