Juan Guillermo Ángel Mejía
Ver a motociclistas tendidos en la vía no sirve de advertencia a quienes andan a velocidades suicidas, no porque no sepan de los riesgos, sino porque piensan; eso no me va a pasar a mí. La tragedia que enluta a Venezuela donde más de cien edificios colapsaron, por supuesto por los terremotos, pero agravada por las consecuencias de los gobiernos de Chávez y Maduro, no solo por haber ignorado los riesgos advertidos por las fallas geológicas, sino por los edificios construidos sin estudios ni rigor antisísmico, por unos cuerpos de socorro sin entrenamiento e incapaces, por el, eso no me va a pasar a mi, como nos estaba ocurriendo a los colombianos por culpa de quienes pensaban de igual manera.
Cuba tenía uno de los PIB más altos de la América Latina, era el principal exportador de azúcar en el mundo, hospitales modernos, servicios públicos superiores a los del resto de sub continente y la mejor esperanza de vida, todo ello acompañado por inmensas desigualdades sociales.
En mi calidad de presidente del Senado de la República, encabecé una delegación a la isla de Fidel; visitamos un ingenio azucarero; quien nos recibió, al conocer que los visitantes éramos colombianos, nos dijo: no tenemos nada que mostrarles, ustedes están años luz delante de nosotros, nuestros cultivos ya no son eficientes, tanto que carecemos de producción exportable, como alguien dijo, si nombran a un comunista, hoy llamado progresista, de presidente del desierto, en pocos años escaseará hasta la arena.
El ingenio María Luisa, ubicado en el Valle del Cauca, cesó sus operaciones, en marzo de este año, tras más de 90 años de actividad, el ingenio La Cabaña entró en liquidación este mismo año; los empleos perdidos y la afectación a los agricultores es inmensa.
Los empleados de uno de los en crisis realizaron bloqueos en las carreteras como si con esas manifestaciones se solucionaran los problemas que están causando estos desastres: la competencia internacional, el incremento de los costos, los ambientales no resueltos como las inundaciones, y el más reciente, el cierre de compras de etanol combustible, por parte de quien maneja la producción, distribución y mezcla de la gasolina.
Lo que está afectando al resto de la industria y la agricultura es general, lo que nos hace preguntar ¿quién tiene la culpa?; la respuesta apunta a las decisiones de Petro: lo de los costos es ya conocido, lo de la competencia internacional se complica dado el interés del presidente en ejercicio para acabar con una industria que no es de sus afectos, a lo se debe agregar la cesación de la compra del etanol para mezclarlo con la gasolina.
No solo en Colombia se ha venido utilizando el alcohol industrial para mezclarlo con la gasolina, de un lado para hacerla menos contaminante y del otro para reducir el consumo de petróleo y así permitir mayores exportaciones por parte de ECOPETROL, otra de las empresas que se ha venido al piso, gracias a las decisiones del presidente.
Los depósitos de etanol de los ingenios están a tope, el gobierno, dueño de la empresa que vende el combustible, ha dejado de consumir el alcohol industrial, por razones que suponemos vienen de instrucciones del gobierno.
Dejamos de producir gas para las cocinas, para mover los motores generadores de energía eléctrica y ahora para rematar, en la causa de la competencia internacional, nos está llegando etanol producido por maíz subsidiado en los Estados Unidos y gas de Venezuela más contaminante que el nuestro.
La crisis de la energía, causada y encarecida ya afecta al productor primario y se extenderá con la crisis climática que ya nos llegó. Gracias a la Colombia que trabaja y produce y sostiene aún a aquellos que no lo hacen, estas crisis y tantas más, derrotó a los progresistas que se disfrazan de samaritanos, y se empezarán a superar dado que estarán atendidas por profesionales capaces y no por chambones iletrados y ladrones.
