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lunes, mayo 27, 2024

HOMENAJE

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PENSANDO EN VOZ ALTA

La Vorágine

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Por: Neverg Londoño Arias

Con la lectura comprensiva, la escritura y el número que maestras y maestros entregan en los rituales diarios del aprendizaje a sus estudiantes, se hace posible recorrer los caminos del mundo, profundizar en el conocimiento del universo, participar en las rutinas del trabajo colectivo, base de la producción de bienes y servicios, habilitarse para ser parte de la vida social y familiar, y lograr ascender como personas. Leer, escribir y contar son juegos casi mágicos con los cuales se aprende a saludar la infancia, estructurar la juventud y hacer de la madurez una actividad placentera. 

En todos los lugares del conocer, enseñar, aprender, están las maestras y los maestros, seres convencidos de su capacidad de servicio, habilitados para acompañar y orientar los saberes de sus estudiantes mediante su vocación y su intención, desde la edad temprana hasta el momento del día después, cuando entran a desempeñar sus puestos de trabajo en las actividades que señala el orden social, como seres humanos llenos de posibilidades para la permanente construcción de una sociedad mejor. 

Un pueblo bien formado y bien informado es exigente y va a reclamar el máximo a sus dirigentes. Impedir este logro ha sido una tarea de quienes fomentan la dependencia, el caudillismo, la informalidad, la mediocridad, la necesidad de mirar en una sola dirección y el avance del conocimiento.  La actividad docente es altamente vulnerable: se margina a los educadores, se desestimula la actualización en una profesión que debe asumir con solvencia los nuevos retos de la ciencia y la tecnología: informática, robótica e inteligencia artificial. Se conservan las diferencias de clase, se limitan los recursos y se hace propicio el facilismo. La docencia como profesión noble y romántica no ha logrado alcanzar en Colombia los merecimientos que la conviertan en prioridad por el sentido de futuro que tiene su ejercicio. 

En el día de los homenajes a Educadoras y Educadores, vaya una voz de respeto y reconocimiento a esos personajes anónimos que por asignación de su destino siempre serán recordados al leer, al escribir y al contar. 

Jalil Gibrán, el célebre poeta árabe nos acompaña con su reflexión:

“…El maestro, que rodeado por sus discípulos, camina por la sombra del templo, no os infunde su sabiduría, sino más bien su fe y su afecto…Si en verdad es sabio, no os vedará el acceso a su sabiduría, sino mejor, os conducirá al umbral de vuestra propia inteligencia…”

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