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jueves, junio 20, 2024

Herejías

Es tendencia

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Juan Manuel Buitrago

Columnista

Para encontrar un plato bien balanceado al escoger en el bufé de nuevos impuestos que recomiendan expertos tanto marxistas como capitalistas ( en sus varios y diversos matices ), el gobierno tendrá que ser pragmático y abandonar la búsqueda de una reforma tributaria perfecta.

Decía en el artículo anterior que el problema básico es la inadecuada distribución de la riqueza y la tentación que tienen los legisladores de utilizar una reforma tributaria para enmendar esa anormalidad antigua. Mi opinión es que la llamada izquierda olvida los fundamentos del marxismo y podría evitar errores si mostrara un camino hacia el futuro con paliativos justos evitando cambios traumáticos a la venezolana.

En un simplificado balance del país se encontrarían en la columna de los activos dos items interesantes : los activos líquidos que incluyen depósitos bancarios que el Estado obliga a mantener  como garantías  y las tierras sin explotar escrituradas legalmente a particulares. Mi sugerencia es volver rentables esos dos items que no generan aumento de capital (pues no están asociadas a trabajo humano, único factor capaz de producir ese aumento) mediante  sencillo artificio: permitir la compra de esas tierras con el dinero congelado volviendo simultáneamente  productivos dos items estériles del balance.

La propuesta alterna de gravar la tierra marginal inexplotada se deriva de la teoría de la renta de Ricardo que le atribuye la capacidad de valorizarse permaneciendo inactiva. El impuesto se quedaría con esa valorización virtual pero,  aunque sea aceptable el argumento que la justifica , en la práctica se produce pánico entre potenciales inversionistas que la ven como un primer paso en la confiscación de la propiedad privada. Permitiendo la compra fácil de esa tierra condicionándola a su  vinculación inmediatamente a la actividad agrícola,  se obtiene crecimiento real sin reacciones adversas.

En los impuestos a las ventas y en el gravamen a las transacciones financieras, el Estado simplemente se apropia de parte de la renta de los particulares para financiar sus gastos. Aquí, de nuevo, los marxistas ingenuos como Petro proponen que el Estado aumente esos gastos asumiendo no solamente  los de seguridad , justicia y recreación sino también los que pueden personalizarse mediante facturación individual como autopistas y  servicios domiciliarios. La experiencia ha demostrado que esta opción aumenta la cuantía de los impuestos y en vez de mejorar, deteriora el cumplimiento de las obligaciones.

Cuando propuse un impuesto a las ventas del 14 por ciento sin excepciones y suprimiendo el actual cuatro por mil no estaba haciendo un chiste. No era “ceteris paribus” sino garantizando un mercado sin sobresaltos y un freno real a la corrupción.

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