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martes, marzo 5, 2024

Herejías

Es tendencia

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Juan Manuel Buitrago
Columnista
Llegó diciembre en este año horrible. Aunque siguen vigentes las medidas que restringen las actividades sociales poco caso les hacen ya las gentes cansadas de tanto protocolo para fingir aislamiento. Los almacenes vuelven a promocionar sus chucherías inútiles y los compradores encuentran dinero para gastar. Habrá matada de marrano en las fincas y los niños alrededor del árbol o al pie del pesebre desempacarán sus regalos cantando las letras absurdas de los villancicos tradicionales o las de dudoso gusto de los compositores populares.

La muerte del futbolista Maradona ha marcado la apoteosis de la literatura deportiva grandilocuente. Hasta escritores que uno creía muy serios se han despachado columnas de disparatada factura ponderando los méritos del difunto. Me parece justo compararlo con futbolistas que pasaron por el equipo local y hoy no son recordados por los aficionados porque nunca alcanzaron la fama universal ya fuera por falta de un buen representante que los llevara a Europa o porque carecían de las necesarias ganas de ser los mejores.

A veteranos conocedores del fútbol escuché alguna vez relatos sobre las proezas de Víctor Campaz y Jairo Arboleda cuando pasaron por la nómina del Deportivo Pereira. Mirando el ocaso de James condenado a evitar nuevas lesiones en sus piernas de cristal me preguntaba ¿por qué los colombianos fracasan siendo ciclistas superdotados o nunca alcanzan a disputar el balón de oro cuando tienen la oportunidad de lucirse como la tuvo James? Los colombianos podemos hacer solamente lo que resulta posible y quedamos ante el mundo como meras promesas. Somos incapaces de soñar para intentar lo imposible. El condicionamiento educativo nos limita y nos conformamos con resultados mediocres.

En estos días, enfrentado a una dolencia antigua recordé sus primeras manifestaciones cuando estaba haciendo el bachillerato. El profesor de educación física, un sargento promovido a maestro durante la dictadura de Rojas Pinilla, me trataba de “vaselino”, eufemismo para no decirme marica, porque me mareaba al esforzarme en los ejercicios. Un examen médico recomendado por profesor competente me habría llevado oportunamente al quirófano para una operación complicada, pero posible ya en esa época, que habría permitido un desarrollo físico más saludable que el experimentado a lo largo de mi vida.

Nuestros deportistas han sido igualmente víctimas de la ignorancia durante sus años de formación y no es de esperar que estén a la altura de competidores atendidos por profesionales que tienen la misión de fabricar campeones adaptándolos física y mentalmente para serlo. Maradona habría sido en Colombia tan olvidable como Campaz o Arboleda, pero tuvo preparación y mentalidad de argentino para ser el mejor futbolista. Volvámonos argentinos para llegar a la élite del deporte.

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