16.4 C
Pereira
miércoles, abril 17, 2024

Herejías

Es tendencia

- Advertisement -

Juan Manuel Buitrago

Columnista

Un Cuento de Navidad diferente

Los críticos del arte literario son abusadores consentidos. Claro que debemos reconocer  esa profesión lo cual no nos obliga, sin embargo, a aceptar que quienes la practican tienen el don de adivinar lo que estaba pensando el escritor, lo que quiso decir y no dijo, lo que dijo cuando pensaba lo contrario, lo que dijo entre líneas y solamente ellos pudieron advertirlo, porque ellos estudiaron para descubrir esos mensajes crípticos. Ellos, los intelectuales de la mafia cultural, han sido ungidos con el poder de confirmar o refutar para siempre. Es un abuso; por ejemplo, adjudicarle a Dickens una intención diferente a mostrarnos el sufrimiento de los niños pobres y la indiferencia de los codiciosos. Pudo lograrlo, al sacar de la caja de adjetivos de la lengua inglesa las perlas más bellas para ensartarlas en un collar deslumbrante que aprovecha la generosidad que inspira la Navidad para contrastarla con la dureza inconmovible de un avaro descrita con ese collar.

Pero una cosa es describir con despiadada crueldad a un egoísta que no se conmueve ni en la Navidad y otra cosa es mofarse de las ficciones optimistas que la sociedad avergonzada logró inventar para crear la posibilidad de regalarle alegría a los desposeidos  siquiera una vez al año. Los vanidosos de la rosca literaria tienen en alta estima la verdad. La estiman porque son ellos quienes la fabrican  y le niegan a las mentiras, a las bellas ficciones de la imaginación, el poder que tienen sus fábulas para llevarnos a otro mundo feliz  que convive mezclado con este mundo real donde vivimos dominados por  realidades horrorosas. Dueño de esa  verdad omnipotente un bogotano rico, pero amargado porque no es tan rico como sus parientes oligarcas, decidió escribir un esperpento para burlarse de la tierna historia del pesebre que nos muestra a un niño pobrísimo capaz de traerle alguna ilusión a otros niños nacidos perdedores.

El humor es, con seguridad, el estilo más trivial y fácil de la literatura. Basta exagerar el defecto físico de un prójimo o su ignorancia sobre algún tema de moda y poner esas circunstancias  en evidencia mediante un truco barato  que nos lleve, automáticamente, a alguna conclusión que nos haga reír. Esa es toda la ciencia del humor y no creo que se necesiten ni talento lingüístico sobresaliente ni profundos saberes filosóficos para escribir notas de ese género. Sin embargo, Churchill no es  reprochado hoy por su tontería en Galipoli ni por la rencorosa masacre de civiles en Dresden , sino admirado por su respuesta irónica a una señora que le recordó las inconveniencias de emborracharse con frecuencia y por otras ocurrencias chistosas perfectamente olvidables. La existencia de presuntas “Verdades Históricas”;  y “El Sentido del Humor” como prueba de competencia para los estadistas, son mentiras tan grandes como los fundamentos de las ideologías religiosas que los intelectuales que  postulan las primeras se ufanan de descreer.

Para quienes quieran iniciarse en el estudio de la manipulación literaria siniestra y alevosa propiciada por un virus que nos ataca desde el momento en que nos meten a una escuela; escribí unas pequeñas notas que son como una navajita para defenderse,  prometiendo a quienes quieran defenderse en serio que podrán cambiarla por un arma verdadera si se aplican a desarrollar las técnicas de lectura y escritura que en ellas  se recomiendan. Yo le suministro un ejemplar gratis al lector que lo solicite.  Llámenla gramática para herejes, no me atreví a darle ese nombre porque me pareció tan ridículamente pomposo como las hipérboles que en él se develan.  Lo titulé : Temas Gramaticales.  Los que fueron habituales lectores de esta columna en el pasado tienen derecho a una explicación de por qué el autor escribía como escribía. Y descubrirán lo fácil que es hacerlo, no requiere ninguna facultad excepcional.

Para estar informado

- Advertisement -

1 COMENTARIO

  1. Interesante punto de vista. Me hace pensar en muchos historiadores cuando indagan documentos en los archivos antiguos y con su visión sobre ese papel añejo escriben su narrativa con visiones atadas a sus creencias, sus emociones y sus virus. Como decía Kafka, «escribir cartas es enfrentarse ante los fantasmas que las esperan ávidamente, los besos por escrito no llegan a su destino, se los devoran en el camino los fantasmas» la verdad tiene muchas verdades, la de cada quien.

Los comentarios están cerrados.

- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -