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miércoles, junio 19, 2024

Hay que defender a ultranza la autonomía universitaria

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Por: @DuberneyGalvis

Como ley, el derecho a la autonomía universitaria garantiza que las universidades podrán designar sus autoridades y regirse por sus estatutos. Logro al que no se llegó a cola de los gobiernos, fueron los profesores mediante la conquista de la autonomía escolar quienes lograron liberar a la educación de la iglesia y el Estado (Ocampo, José Fernando. 2016). Fue un hecho clave para escalar la autonomía a las universidades.

Al respecto escribiera el maestro Carlos Gaviria en un texto bellísimo: «yo siempre he pensado la universidad a manera de una utopía, hasta el punto que pienso: un estado democrático, un estado decente, tiene que reconocer una autonomía bastante amplia a la universidad y, sin ingerir en ella, financiarla. La financiación desde luego le corresponde al estado. Pero el estado tiene que saber que es la comunidad universitaria la que va a determinar cuáles son las materias que deben enseñar y de qué manera se deben enseñar. Es ese un primer punto que yo diría es una especie de precondición de la calidad en la enseñanza universitaria.» (Gaviria, Carlos. 2008).

Ideas como estas fueron un faro de la generación que dio forma a la MANE, aquella unión estudiantil de universidades públicas y privadas forjada al calor del debate ilustrado y la movilización civil que tumbó la reforma a la ley 30 de Juan Manuel Santos. 

Pero el debate viene marchitándose, ya un sector del estudiantado y profesores de la Universidad Nacional están invocando y aplaudiendo la injerencia del gobierno Petro en los asuntos universitarios. Significa que la espada de Damocles -o de Bolívar- puede caer sobre la autonomía universitaria. Dicha petición deambula entre ideas contrarias a las aquí resaltadas, indicando una deriva reaccionaria de la izquierda como referencia el profesor Juan Antonio Escobar citando Ovejero en el contexto español y que concluye él aplica para Colombia: «una izquierda antiilustrada… la aparición de un nuevo oscurantismo revestido de progresismo, que sustituye los argumentos por la intimidación». (Ovejero, Félix. 2018).

¿Se propagará el agitado mal ejemplo de la Nacional hasta la Universidad Tecnológica de Pereira? Pues esta no logra elegir rector entre el profesor Alexander Molina de reconocidos méritos académicos, y Luis Fernando Gaviria que aspira a reelegirse de nuevo. Molina tiene el apoyo del gobierno nacional a riesgo de convertírsele en un bacalao junto al de exrectores como Luis Enrique Arango que supera en periodos de reelección a Luis Fernando Gaviria, quien a su vez carga la cruz del expresidente César Gaviria. Oportuno señalar, el limbo electoral nacional universitario en buena medida obedece al quilombo constituyente en que el M19 metió a las universidades desde 1991. Agréguense aristas locales, pues la Tecnológica no ha reparado en acaparar toda la oferta educativa sin considerar el impacto a otras universidades o asociaciones cívicas risaraldenses. 

Una solución general, diferente al imperdonable sacrificio de la autonomía universitaria, es exigir que los gobiernos nacionales y locales salgan de los consejos superiores, el Estado no debe ser el educador del pueblo.

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