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sábado, junio 15, 2024

¿Hasta cuándo? Hasta siempre

Es tendencia

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Víctor Zuluaga Gómez

Columnista

Siempre hemos soñado con un futuro en donde la confrontación, la guerra y las muertes violentas desaparezcan de la faz de la tierra. Hay lecciones que se aprenden, pero también es cierto que con frecuencia se olvidan.

El panorama universal no puede ser más caótico: Enfrentamientos entre Corea del Sur y del Norte, Ucrania y Rusia, los palestinos y los israelíes, guerra civil en Sudán y en nuestra casa, presencia de guerrilla y narcotráfico que generan desplazamiento y muerte.

Y nos  preguntamos cuáles fueron las razones por las cuales, en determinado momento el antropoide, el animal, adquiere la capacidad de razonar, de planear, de corregir errores, de analizar, y entonces se convierte en un homínido, en un ser humano. Y algunos han creído que en el homínido se borró el animal, el instinto, el impulso. Porque, lo que caracteriza al animal es la existencia de una programación innata que le permite reaccionar de una u otra forma ante ciertas circunstancias. Los seres humanos, no, en la medida que podemos corregir actitudes, acciones, dependiendo de las circunstancias. Pero, aquí viene lo interesante y a la vez problemático: A pesar de estar dotados nosotros los humanos de una razón, el instinto animal, la pulsión, la emoción, siguen teniendo presencia entre nosotros. De allí que los neurólogos insistan en la necesidad de controlar el componente emotivo.

Dice Montalcini: “Vivimos en el pasado como hace 5.000 años, dominados por las pasiones y por los impulsos de bajo nivel. No estamos controlados por el componente cognitivo sino por el componente emotivo, el agresivo en particular. Seguimos siendo animales guiados por la región límbica palocortical, sustancialmente igual en el hombre y en los animales. La razón es la hija de la imperfección. En los invertebrados todo está programado: Son perfectos. Nosotros no, y al ser imperfectos hemos recurrido a la razón, a los valores éticos: Discernir entre el bien y el mal, es el más alto grado de evolución darwiniana. Si asumimos una visión catastrófica del ser humano, estamos acabados. La vida se hace inútil. Yo también me siento interiormente incapaz de ser optimista, pero hay que serlo cueste lo que cueste. Hay que mantener la confianza en el futuro. Hitler y Mussolini supieron hablar a las masas en las que predomina el cerebro emocional sobre el neocortical, el intelectual, manejaron emociones y no razones”.

Llamemos entonces, presidente Petro a la razón y no a la revolución.

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