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jueves, abril 25, 2024

Guerrillas y la Primera Línea (3)

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Quienes leyeron las dos columnas anteriores con este título comprenderán que mi propósito es mostrar que las líneas terroristas de los bloqueos de 2019 y 2021 conforman un agenciamiento y no una comunidad solidaria exigiendo derechos de sus identidades. En la posmodernidad no hay sujetos ni identidades, y actuamos como simbiontes o algoritmos. No hay identidades de indígenas, racializados, campesinos, obreros ni empresarios capitalistas.

Para comprender mejor la Nueva Izquierda y la posmodernidad tenemos que aceptar que su forma de captar la “realidad” o su teoría del conocimiento (episteme) es diferente a la nuestra. El historiador y columnista de prensa Juan Esteban Constaín me ayuda con dos de sus escritos recientes. En uno habla del “Consenso de realidad” o el acuerdo aceptado por todos “en que hay unos objetos allá afuera que todos tenemos que reconocer como ciertos y evidentes, más o menos”.

En otra columna titulada Olor de padre, Constaín se refiere a lo que el pensador coreano Byung-Chul Han llama “el aroma del tiempo”, esos recuerdos de la infancia que nos dan identidad y siempre nos acompañan como el olor de papá, “el olor de la guayaba” (García Márquez) o el sabor de las tajadas de plátano maduro que hacía mamá. Por otro lado, el filósofo posmoderno Paul Beatriz Preciado utiliza en su último libro Dysphoria mundi (disforia del mundo) como eje central las palabras de Hamlet, “Time is out of joint”: el tiempo está desarticulado o fuera de lugar, sin sentido.  

“El consenso de realidad” resume la forma que tenemos todavía de conocer o interpretar la “realidad” y que podemos resumir en la definición de verdad que aprendimos en las clases de filosofía escolástica: Verdad es la identidad entre nuestra idea y la cosa o el hecho que está afuera. Allí hay un “sujeto que se cree real” y que capta la “realidad” externa y objetiva. 

En el pensamiento moderno no hay sujeto y nuestra realidad es virtual, como ya expliqué. El sujeto de la modernidad es un mito que da coherencia a nuestra sociedad democrática y sentido a nuestras vidas, como el mito de Dios da sentido a la vida de los creyentes. En cambio, el pensamiento posmoderno de izquierda no acepta mitos y se elabora sobre la tragedia de la inexistencia del sujeto. Por tanto, en la modernidad hay aroma del tiempo, mientras en la posmodernidad de Preciado ese tiempo está desarticulado, fuera de lugar, como la diferencia de los sexos, la familia, Dios, la dignidad del otro, el respeto y la ética. El pensamiento posmoderno es también la descripción del mundo virtual de las redes sin ética en que desaparece el “otro”.

Los posmodernos de izquierda no buscan la verdad o representar la “realidad”, sino un cambio social, como quería Carlos Marx. Toda su teoría es arte, una ficción, pero no por eso menos “realista”. Buscan generar un “acontecimiento” que genere un cambio que, como los bloqueos de la primera línea terrorista, modifiquen la política sin importar el resultado.

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