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martes, julio 16, 2024

Gobiernos débiles, economías amenazadas

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DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Jesús Saldarriaga G.

Columnista

Si damos una vuelta al mundo por internet, nos encontramos muchos y diferentes conflictos en los 193 países que existen (dato de la ONU). Pero la constante es que donde se tienen modelos democráticos débiles o simplemente no existe la democracia, son sociedades que tienen amenazada su viabilidad en todas sus dimensiones, pero sobre todo la socioeconómica.

El modelo democrático nació en Atenas en el siglo V a.c. y se fue mejorando a través de la historia cuando los ciudadanos fueron entendiendo que, para disminuir la barbarie en los pueblos, ciudades y veredas, era necesario un modelo con acuerdos mínimos y no dejar el desarrollo social bajo la ley del más fuerte, la legítima defensa o de la mano invisible en el caso de la economía.

Lo contrario de los modelos políticos democráticos, son las dictaduras, llámese de derecha o de izquierda. En estos modelos se coartan todas las libertades y recordemos que la libertad y la democracia es la base de las economías de libre mercado, como la colombiana. Las economías salen muy mal libradas en países donde la democracia es débil, y, por el contrario, economías como el caso de Estados Unidos y la mayoría de las economías de la Unión Europea, son una muestra de modelos democráticos fuertes y estables (no perfectos). En el mundo aún existen 34 países con dictaduras, donde vive el 28% de la población mundial.

Economías como la de Venezuela, Cuba, Corea del Norte, para hablar de las dictaduras de izquierda, son una muestra del gran potencial destruido en términos de desarrollo económico y social. Al contrario, dictaduras de derecha como las de Tailandia y muchos países africanos y del Medio Oriente. Colombia se ha posicionado en el mundo por tener una de las democracias más estables de América Latina, pero si uno revisa los momentos históricos, mucha parte del tiempo ha sido una democracia débil que se ha sostenido sobre varias etapas de represión, y conflictos internos (guerras civiles, conflicto armado) o el acuerdo partidista llamado “frente nacional”.

Es de reconocer que la estabilidad económica de Colombia y el dinamismo que ha logrado en los últimos años está soportado en el modelo democrático que ha podido sostener, con muchas imperfecciones, pero sirve más que una dictadura extremista. Otro proceso perverso sería una anarquía, como vivían las sociedades antiguas o incluso como aún viven muchos pueblos en África (la justicia por sus propios medios, la ley del más fuerte).

El problema que está viviendo Colombia en este momento, está probando por primera vez, la verdadera estabilidad y fortaleza de la democracia y la capacidad de sus instituciones para salir del “frankenstein” que se armó con la confluencia de muchos problemas y de la falta de liderazgo y baja credibilidad de muchas instituciones y de muchos dirigentes, empezando por el presidente de la República.

La mayoría de los empresarios de Colombia y la mayoría de la población sabe que las instituciones que soportan nuestro modelo democrático son para ayudar a mediar, a concertar. En este proceso se debe gastar el capital político. Específicamente para solucionar el problema tan crítico como el bloqueo de las vías. En la gran encuesta nacional sobre jóvenes publicada el jueves pasado por Cifras y Conceptos, la credibilidad en la presidencia de Colombia es del 9% y en el Congreso el 7%, lastimosamente.

A pesar de la baja credibilidad, es importante que los empresarios, los gremios, las universidades, sociedad civil organizada y la comunidad internacional, defendamos el estado social de derecho y las instituciones. Pero que la solución de los bloqueos no se la dejen a los particulares, desesperados porque tampoco se garantiza sus derechos.

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