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martes, julio 16, 2024

Gobernar no es fácil

Es tendencia

DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Luis García Quiroga
Columnista

Casi siempre que pienso en los políticos, que son los que están destinados a gobernar, me viene a la memoria la expresión cáustica de Facundo Cabral: “Cuando veo a los políticos por la televisión, me pregunto cómo pretenden dirigir a los demás cuando no pueden gobernar sus propias vidas”.

No es fácil gobernar. En realidad, nunca lo ha sido, pero en estos días de cuarentena vemos de todo en los medios de comunicación. Desde pillos menores saqueando el presupuesto, hasta ministros, gobernadores y alcaldes al estilo de un Robin Hood al revés, robándose la plata de los pobres para darles a los ricos que alguna vez les hizo un favor electoral, o se los va a hacer.

Siendo justos, también hay gobernantes que hacen lo que pueden porque los recursos son precarios y abrumadoras las necesidades. En el caso de Pereira por ejemplo, un estudio del economista Unilibrista Jonier Cardona Salazar acaba de señalar que en el mercado laboral local tenemos una informalidad del 74,7%, expresando con razón el investigador al hacer algunas recomendaciones, que surge una zozobra por la realidad que traerá consigo la reactivación paulatina de las actividades cotidianas de la estructura social y económica en la ciudad “del día después”.

Son la media bobada de 146 mil 735 personas que hacen lo que pueden para ganarse el sustento de cada día, de ellos 121 mil 70 en la zona urbana y 25 mil 665 en la rural. Esta gente hoy está confinada y desesperada por salir a ganarse el pan como sea, o en el mejor de los casos, a salvar su negocito.

Hace poco demostramos en un análisis a la facturación del servicio de energía, que tres cuartas partes de los pereiranos son estratos cero al tres.

Los candidatos a alcaldías, gobernación, concejos y asamblea se engañan ellos o le mienten a la gente cuando tiran la carnada de la tal generación de empleo, hecho que corresponde a políticas macroeconómicas de alto impacto. Distinto es fomentar condiciones para generar empleo.

Una cosa es un empleo digno y estable. Otra es un trabajo temporal pavimentando calles o construyendo un edificio. Para no hablar de los contratos de miedo en el sector público en los que el contratista trabaja 12 meses y devenga 8. Alguien los llamó “contratos basura”. Y otra cosa muy distinta es la informalidad laboral tan evidente en el rebusque en las calles del centro y en los barrios populares.

El gobierno central se derrama en prosa haciendo anuncios, pero las cifras dicen que políticamente procuran tener más pobres.

Lo que hagan alcaldes y gobernadores apenas serán placebos y retórica, porque ninguno tiene plata ni cama para tanta gente.
Es un problema inmanejable que en esta crisis exige más política y menos políticos. Por ahí es la cosa.

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