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viernes, julio 19, 2024

Giorgia Meloni (1)

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Iván Tabares Marín

Giorgia Meloni (nacida en 1977) es la actual presidenta del Consejo de ministros de Italia desde octubre de 2022, la primera mujer que ocupa ese cargo y uno de los principales artífices del reciente triunfo de la derecha en las elecciones de la Unión Europea. 

Es como una especie de “Javier Milei” europea, con una gran diferencia: Milei es un economista liberal o libertario con varios libros escritos sobre la materia; en cambio, Meloni, de origen muy humilde, ha sido periodista y activista política desde su adolescencia, siempre en movimientos de derecha; no es fascista porque ese partido fue prohibido por ley en Italia desde 1952, pero ha sido neofascista, inicialmente del Movimiento Social Italiano, MSI, conocido como los “misinos”. Hoy dirige el movimiento Hermanos de Italia, FdI, por su sigla en italiano, Fratelli D´Italia. 

La historia política de Italia después de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) es muy parecida a la de otros países democráticos: uno o dos partidos monopolizan el poder por un largo período, se corrompen hasta cuando el electorado no aguanta más y elige un partido de extrema izquierda o de extrema derecha.

En Italia, la Democracia Cristiana tuvo el poder desde la Primera República (1948) con la participación de otros partidos y, ocasionalmente, con el Partido Comunista Italiano, el más fuerte y belicoso de Europa occidental hasta la Caída del Muro de Berlín o del marxismo en 1989. 

Es muy importante tener en cuenta el fracaso del marxismo –que Gustavo Petro intenta resucitar para sorpresa y bromas de todo el mundo— y los intentos de Ernesto Laclau, fallecido en 2014, y su esposa Chantal Mouffe por crear una nueva ideología que remplace el marxismo, conocida como la hegemonía identitaria. La importancia radica en que la derecha de Meloni también toma ideas del marxista italiano Antonio Gramsci y del teórico de los nazis, Carl Schmitt, que inspiran a Laclau y Mouffe. Estos escribieron sus textos básicos en la década de los ochenta.

En el marxismo, el sujeto revolucionario era el proletariado por su condición de explotado en la sociedad capitalista y democrática. En la Nueva Izquierda, los sujetos revolucionarios para derrotar el capitalismo son las identidades, grupos, etnias u organizaciones que en algún momento de la historia fueron víctimas de la sociedad, pero sin vínculo con las relaciones de producción: indígenas, migrantes de otras culturas, negros, mujeres, comunidad LGBTIQ+, ecologistas del decrecimiento económico, víctimas del calentamiento global.

También nótese que el marxismo quería acabar con la democracia, porque es una sociedad de clases, y aspiraba a crear una sociedad sin clases —el “hombre nuevo” del Che Guevara— llamada por Petro “la paz total”; en cambio, la Nueva Izquierda de Laclau busca radicalizar la democracia con el cuento del pluralismo, para meter en la misma sociedad a indígenas, la comunidad LGGBTIQ+ incendiaria de Iglesias, la primera línea criminal, inmigrantes musulmanes con sus terroristas de Hamás y otros enemigos de la democracia. En Europa, el gran problema es el islam.

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