20.9 C
Pereira
domingo, mayo 19, 2024

Gerardina Martínez Cadavid

Es tendencia

- Advertisement -

Por: Walter Benavides Antia

Sirve este corto escrito de homenaje, a una persona especial, que disfruta hoy de la compañía del padre Ovidio Correa Cadavid, Alberto Orozco, Anita, Luis Enrique, Teresa, Inés, donde con seguridad escucharán cantar al tenor Hernán Herrera, “El Mono” (su sobrino).

El próximo 24 de abril se cumplen tres años de su partida. 

Nace en Sevilla (Valle), en el seno de una familia católica, apegada al cariño de sus mayores y el buen ejemplo. Allí realiza estudios hasta el bachillerato.

De quince años, llega con su familia a Pereira, en calidad de inmigrantes, en busca de un mejor futuro. 

Trabaja en el Almacén de Don José Garios, y en el de Tufic Merheb, aprendiendo el oficio de la venta de telas y confecciones. 

Fue deportista de élite en basquetbol, representando a Caldas en el VII Campeonato Nacional de 1951 (Ibagué), destacándose como la mejor encestadora. Como premio a su participación recibe una beca para estudiar mecanografía y contabilidad en el Escuela Comercial Gregg (15 con sexta), de Don Joaquín Ante Mosquera, donde aprende las herramientas para montar su propio negocio. En 1968, abre el primer “Almacén Gerardina”, ubicado en la carrera 8 entre calles 27 y 26, para luego trasladarlo a la calle 15 con carrera séptima, (hoy en Unicentro), distinguiéndose a nivel nacional, como reconocida diseñadora de ropa para niños.

Su vida, es el mejor ejemplo de tributo al trabajo incansable, de dedicación a su familia, sin dejar nunca de asistir los domingos, a ver el Deportivo Pereira, pero sin dejar de preguntar por su Deportivo Cali. 

De ella aprendí muchas cosas de la vida, entre ellas, que el tango para disfrutarlo, hay que escucharlo en silencio.  

Solo ella, conocía el significado de las letras. Solo ella, llevar el compás de la melodía. Solo ella, ordenar su corazón y sus recuerdos.

Trenzas, era uno de sus tangos favoritos, tango que escuchamos y cantamos los jóvenes de mi generación, seguramente sin la profundidad y solemnidad, que, al escucharlo en su compañía, despertaba. 

“Walter, escuchemos Trenzas”, era su mandato. Y se transformaba. Dejaba ser de ser quien era, para ser otra. Recuerdo de un mal amor, no sé. Recuerdos de alguien querido, quien sabe. Solo sé que, que lo vivía intensamente, tarareándolo en voz baja: “Trenzas, Seda dulce de tus trenzas, Luna en sombra de tu piel, Y de tu ausencia. Trenzas que me ataron en el yugo de tu amor, Yugo casi de blando de tu risa de tu voz… Fina, Caridad de mi rutina, Me encontré tu corazón, En una esquina… Trenzas de color de mate amargo, Que endulzaron mi letargo gris. ¿Adónde fue tu amor de flor silvestre? ¿Adónde, adónde fue después de amarte? Tal vez mi corazón tenía que perderte, Y así mi soledad se agranda por buscarte. Y estoy llorando así, Cansado de llorar, Trenzado a tu vivir, Con trenzas de ansiedad… sin ti, Por qué tendré que amar, Y al fin partir, …”.

Doña Gerardina. Solo muere quien es olvidado. Sus hijas Diana y Daya la recuerdan con cariño y no olvidan su legado y ejemplo. Yo extraño su amistad y compañía.

Solo me resta, recordar al poeta Gibrán Kahlil que escribe, “Porque… ¿qué es el morir, sino entregarse desnudo al viento y fundirse con el Sol? ¿Y qué es dejar de respirar, sino liberar la respiración de sus inquietos vaivenes para que pueda alzarse y expandirse y buscar sin trabas a Dios? En verdad, solo cantaréis realmente cuando bebáis del río del silencio. Y solo cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña empezaréis a escalar. Y solo cuando la tierra reclame vuestros miembros, bailaréis en verdad”. Paz en su tumba.

HistoriadePereira.com   

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -