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domingo, marzo 3, 2024

El asedio al Palacio de Justicia y el rol de los jueces

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Por: @DuberneyGalvis

Lo sucedido el jueves en Bogotá reviste especial gravedad. El hecho sacude el fantasma de la toma del Palacio de Justicia en 1985 tanto por el lugar, como sus actores. Durante toda la semana el presidente Gustavo Petro estuvo agitando el pleito con la Corte Suprema a raíz del afán para que elijan fiscal de la terna que él envió. Dicha algarabía coincide con las denuncias de los dineros que los directivos de FECODE destinaron para financiar la campaña de Petro y que no aparecen reportadas como ordena la ley, asunto que el fiscal general manejó mediante un abusivo allanamiento que sirvió a los gobiernistas para extender un manto de duda sobre una necesaria investigación.

Entre cortinas para evadir el tema y los trinos amañados del presidente que generaron disgusto entre los magistrados, se movió la controversia contra la Corte. Saltaron entonces los seguidores del presidente en FECODE, quienes han hecho de esta digna organización un apéndice del gobierno, para conducir a los profesores hacia lo nunca visto: marchar para exigir la elección de un fiscal.  

Ahora intentan justificar lo injustificable, pero es evidente que el presidente preparó el ambiente para la movilización que convocaron sus amigos y seguidores, y terminó en un repudiable asedio a la Corte. Inocultable que ese acto, con el marco de ondeadas banderas del M19 -no es la primera marcha gobiernista que las agita- sacude el fantasma de la toma del Palacio a manos de esta agrupación. El propio ministro del Interior Néstor Osuna sabe lo que eso significa porque fue víctima con todo lo que pasó en esta Corte con los profesores eméritos de El Externado.

Al final, ante un debate copado por el populismo y las bajezas, vendría bien retomar las palabras de Carlos Gaviria Díaz en referencia a la importancia de los jueces y su legitimidad: “…el símbolo de la civilización es el juez, cuando las personas deponen el deseo o la ambición de hacerse justicia por la propia mano, y llegan a esta conclusión: ‘si tenemos una diferencia, una controversia, no vamos a dirimirla nosotros si es que no lo podemos hacer civilizadamente, apelemos al juez’. Aceptar que existen instancias para resolver las diferencias entre los ciudadanos es esencial, y que la garantía de los ciudadanos consiste en que en estas se va a fallar de manera correcta, en justicia, aplicando las leyes. 

Por eso es muy importante que los organismos administradores de justicia, la cúpula judicial, esté legitimada; cuando empieza a haber corrupción, politiquería en esas instancias, entonces la gente no cree en la administración de justicia y dirimirán las diferencias por la propia cuenta… En una sociedad bien ordenada como debe ser una sociedad democrática, la legitimidad de los jueces para decidir es fundamental porque da a los ciudadanos la garantía de poder resolver los conflictos de una manera satisfactoria en los tribunales, en los juzgados”. Fragmento cargado en Twitter por @SantiagoPardoR

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