¿Fin del mundo en la era de la IA?

Rodrigo Tabares Ruiz

Las advertencias recientes sobre los riesgos que podría representar la IA para la humanidad han avivado el debate entre investigadores y expertos sobre qué tan reales son estas preocupaciones. En este sentido, Jacob Coxxon, un exingeniero de
Anthropic, dijo que la IA podría matarnos antes de 2030. Aunque luego matizó su propio mensaje, y aclaró que los modelos actuales no representan un riesgo significativo; y que el peligro real empieza si la IA logra mejorarse a sí misma sin supervisión.
El temor entre algunos sectores que trabajan en el desarrollo de la inteligencia artificial es que logre superar las capacidades del propio ser humano y convertirse en un peligro con consecuencias fatales para las personas, como si se tratara de la entrega final de la saga Terminator.
El interrogante sobre cuándo se acabará el mundo ha inquietado y seguirá inquietando a la humanidad, desde la comunidad primitiva hasta nuestros días, y cobra fuerza cuando se presentan grandes desastres o se acercan las fechas en que las “predicciones” vaticinan nuestro fin. Las respuestas al mismo conforman una variada gama de matices que van desde las míticas, las religiosas, las que se basan en “profecías”, las que rondan en la charlatanería, hasta las científicas.
Sobre el fin del mundo en la era de la IA hay dos posiciones claramente diferenciadas. De un lado están los doomers o catastrofistas, quienes creen que cuando esté lo suficientemente desarrollada, la IA tomará las riendas y decidirá acabar con la civilización. Por eso, recomiendan que los estados firmen tratados internacionales para frenar el avance de la IA, de la misma manera que en la Guerra Fría se limitó a proliferación de armas nucleares.
En la otra orilla, los boosters, o aceleracionistas, creen lo contrario: conviene seguir
el desarrollo de la superinteligencia porque solucionará muchos de los problemas
de la sociedad. Curará enfermedades, aumentará la eficiencia de todos los procesos,
contribuirá a que trabajemos menos. Nos hará más felices.
Sin embargo, la verdadera preocupación no es el panorama que nos presentan en la película Terminator, es la evaporación acelerada de uno de nuestros recursos más preciados: el agua potable; la pérdida masiva de empleos no vista desde la crisis de 1929 y el descarado saqueo de la propiedad intelectual.
Ante este panorama es urgente una intervención estatal firme en todos los países del mundo que incluya la defensa de los recursos hídricos, sancionar el uso no autorizado de propiedad intelectual, ponerles freno a los monopolios y aplicar tasas impositivas a la automatización para el cuidado del medio ambiente.

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