Estupidez humana

Por Andrés García

Guerra en Ucrania, guerra en el medio oriente, amenazas entre las potencias mundiales, amenazas entre países en vía de desarrollo, amenazas arancelarias, conflicto entre el ELN y reductos de las FARC en el Catatumbo, conflictos al interior del Cauca, secuestros en la vía Cali – Popayán, descalificativos de lado y lado entre quienes aspiran a ocupar el primer cargo del ejecutivo en Colombia – a razón de su étnica u orientación sexual – inseguridad en las calles, homicidios, feminicidios, matoneo en los colegios, apatía social, son entre otros algunos de los referentes que me conducen a titular así mi columna de esta semana.

Infortunadamente, esta es parte de la realidad actual y digo parte porque – por fortuna – no es la totalidad. Afortunadamente, existen iniciativas humanitarias, sociales y de grandes apuestas, entre ellas la Cultura, que apuntan a enmendar la fractura social existente, donde todo aquello que no comulgue con la manera en que algunos ven el mundo sencillamente es rechazado, atacado o, en el peor de los casos, eliminado. La estupidez humana es quizá el peor de los males que aqueja al hombre. Este cáncer hizo metástasis, propagando las células que crean nuevos tumores de idiotez porque en realidad se tiene que se muy idiota para acudir a la guerra para solucionar un diferendo de carácter territorial, ideológico, social, político o de género. El batiburrillo es la endeble estructura del discurso de quienes acuden a la violencia como herramienta de resolución de conflictos. La sociedad, tumefacta, agoniza ante dicha realidad y, en lugar de identificar alternativas como el diálogo propositivo – la capacidad de escucha y por qué no la misericordia ante los congéneres – se envalentona cada vez más cuando no termina por volverse absolutamente indiferente ante el caos que vivimos.

Aterida observa cómo los mercachifles que fungen de adalides de la moral mercadean su bienestar, bajo el sofisma de querer buscar soluciones a una condición humana que alimenta el lado oscuro de su naturaleza, acusa y destruye. Desde la peste negra hasta el coronavirus, pasando por la neumonía, la tuberculosis, la varicela, la viruela, la rickettsiosis, la gripe o la rabia, el hombre contemporáneo enfrenta una verdadera plaga letal: La estupidez.

Aún estamos a tiempo de salvar la humanidad. El cambio de modelo comportamental proviene de un giro oportuno hacia la sedimentación de nuevos y mejores hábitos. Por fortuna existe un antídoto: La lectura, el arte, la cultura como mecanismos de sublimación de los demonios que afectan la mente humana y que dificultan la convivencia pacífica y respetuosa a la que todos los seres humanos, sin excepción, estamos llamados. Quien aprende a convivir consigo mismo, es capaz de convivir con el otro en medio de la diferencia. Evitemos el exterminio actual entre congéneres. No más actitudes gamberras, mañosas ni violentas. Es momento de reaccionar. Es momento de que cada uno de nosotros lo hagamos. Allí surge la gran transformación que clama la humanidad. *Secretario de Cultura de Risaralda.

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