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sábado, junio 22, 2024

Estrategias de la guerrilla

Es tendencia

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Alvaro Eduardo Salazar G.
Columnista

Desde el inicio de la acción guerrillera, estos han planteado siempre una estrategia clara y contundente y además manifestado públicamente de querer tener fuera de un partido político un brazo armado para defender supuestamente sus ideas y a sus adeptos.

Cuando se planteó este último proceso de paz quedó supuestamente claro que el brazo armado se acabaría definitivamente y que además se procedería con la entrega de las armas y con la entrega de activos para indemnizar a las víctimas del conflicto armado. Todo parecía estar claro y marchar bien hasta que empezaron a surgir dudas y algunos órganos del estado iniciaron la presentación de argumentaciones sobre el comparativo entre los bienes entregados y los poseídos y sobre las caletas de armas entregadas y las reales.

Hoy la discusión en campo de los activos entregados continúa porque persisten las inconsistencias y parece ser que la de las armas se reactiva con la conformación de este grupo aparentemente disidente.

Digo aparentemente disidente porque precisamente es una coincidencia que lo que está sucediendo sea precisamente el resultado de la estrategia planteada cuando se conformó la guerrilla: Tener representación política y poseer un brazo armado.

Esto es igual de lo que sucede en muchos matrimonios cuando son asediados por obligaciones económicas y les inician procesos judiciales. Plantean procesos de separación para legalmente aparentar que están distanciados, pero en el fondo siguen siendo el mismo cuerpo original. El objeto es evadir la acción de la justicia.

En los textos de los acuerdos de la Habana hay muchos artículos impuestos por la guerrilla precisamente en cabeza de estos disidentes que si reconocemos que son diferentes lo único que hicieron fue infiltrarse para lograr dejar en la constitución apartes que los beneficiaran.

No me parece descabellado pedir precisamente que esos acuerdos se revisen para excluir de ellos todo los que los beneficie y de una vez por todas clasificarlos como verdaderos narcotraficantes, porque a o que no han querido renunciar es al negocio de la coca. Ellos piden más diálogo, pero no hay ni habrá confianza para hacerlos porque vaca ladrona no olvida portillo.

Está claro además que todos queremos la paz y a los desmovilizados hay que cumplirles dentro de las restricciones que tiene un Estado en su funcionamiento.
Nadie quiere una guerra, pero en muchas ocasiones por la beligerancia de la contraparte esta se torna inevitable.

Los antiguos jefes guerrilleros que hoy se han reincorporado a la vida civil deben dejar a un lado esas ideas mamertas de entorpecerlo todo y más bien ser propositivos y entender que son minoría pero que dentro de la minoría también pueden proponer alternativas de cambio sustentadas para mayor bienestar de los ciudadanos y del país.

Todos debemos tener mente abierta a aquello que beneficia al ciudadano y a la sociedad, pero entendiendo que para cualquier desarrollo necesitamos garantizar la convivencia pacífica dentro de un orden institucional. No podemos por lo tanto pretender imponer cambios estructurales cuando somos minoría, ni pretender promover el desorden social para lograrlo. Si nos ponemos de acuerdo en las cosas simples podremos convivir y lentamente lograr los cambios que cada sector desea.

Hay causas comunes que no tienen discusión como combatir y denunciar la corrupción y respetar las posturas religiosas. Además, no es posible pretender imponer modelos educativos con fines políticos. Si esto está claro bienvenido todos los reinsertados y adelante con el proceso de paz.

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1 COMENTARIO

  1. POR ESCRIBIR INEXACTITUDES PAGAN O ES GRATIS… COMO LE SERVIRIA LEERTE EL LIBRO LA VIOLENCIA Y LA PAZ EN COLOMBIA DEL HISTOPRIADOR ARTURO ALAPE

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