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martes, julio 16, 2024

Espíritu librero de gran señor

Es tendencia

DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Gabriel Ángel Ardila
Columnista
Orlando Giraldo Mejía nos enseñó con su ejemplo, la devoción por eso que está impreso y tiene carátula, pero contiene vida. Aplicaba a muchos ejemplares de la más variada escritura, un cuidado propio de un artesano que trabaja con lo más alto de las materias moldeables de la inteligencia humana: ajustando descuadernados lomos y pegando páginas, se aseguraba de instalar una banda magnética en algún rincón invisible, para proteger los libros de la Biblioteca Pública Ramón Correa de algunos astutos saqueadores de esos tesoros.

En una ocasión en que se embolató de la estantería nuestra Cosecha de Besos, después de indagar en referencia, en la portería y en la dirección, encontramos respuesta certera de don Orlando junto a su escritorio siempre lleno de ejemplares en turno, como quien hace la espera para una delicada cirugía: Mire en esa caja, bajo ese anaquel de la derecha… Y en ese cubículo estaba el extraviado…
Así, don Orlando Giraldo daba razón de cada integrante vitalizado no solamente por un código de referencia, sino por la idea clarísima que él compartía de sus contenidos con cuando visitante se arrimaba a su amable orientación.

Otra vez lo hallé detrás de una barricada de libros puestos bajo una sombrilla frente a un árbol aledaño a la fuente del Parque El Lago, en donde instruía a un grupo de curiosos sobre las obras de interés de escritores risaraldenses, pereiranos o cercanos a la comarca y a sus expresiones culturales. Arrimé con sigilo y al término de su proclama sobre la riqueza allí dispuesta, dijo: “Y como esto está de verdad vivo, les presento a uno de los escritores cuyas obras están entre nosotros, para que le hagan las preguntas a él”…

También en las estancias de más allá, don Orlando nos representó con lujo de detalles para brindar a los visitantes de la Feria Internacional del Libro de Bogotá las obras de los de aquí, y se sentía verdaderamente orgulloso de ser acompañado por algún escritor.

Con su hermano, el padre Nelson Giraldo Mejía amasó tesoros, para dar vida a memorias de históricos episodios que referenciaba, descubría y compartía generosamente y tengo al impresión de que deja pendiente, nos debe, una obra de gran calado histórico, propia de Orlando Giraldo Mejía como el escritor que había en él. Paz y abrazos de gratitud, a un gran arcángel de los libros, como fue el conductor en Pereira de las Bibliotecas Satélites y muchas manifestaciones valiosísimas de extensión y difusión de la cultura.

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