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jueves, abril 25, 2024

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“Cuando hay reformas y ajustes, también hay huelgas, manifestaciones y rebeliones.”

NOURIEL ROUBINI

En medio de la agitación política y la búsqueda constante de soluciones a los problemas arraigados, surge la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente en Colombia. Sin embargo, bajo la superficie aparentemente seductora de un cambio radical, se esconde un peligro latente que podría desencadenar consecuencias desastrosas para la nación.

Una Asamblea Constituyente podría ser interpretada como una tabla de salvación para algunos, una oportunidad para reescribir las reglas del juego político y social. Sin embargo, es imperativo considerar los riesgos inherentes. Colombia ha avanzado significativamente en la consolidación de su democracia y el fortalecimiento de sus instituciones en las últimas décadas. Una Constitución que ha sido objeto de enmiendas y reformas para adaptarse a las necesidades cambiantes del país. ¿Por qué, entonces, desmantelar lo que ha funcionado, arriesgando la estabilidad lograda?

El costo de una Asamblea Constituyente va más allá de lo financiero. La incertidumbre y la inestabilidad que acompañarían a este proceso podrían desencadenar una desaceleración económica, espantando a los inversores y debilitando la confianza tanto nacional como internacional en la estabilidad del país. Además, el tiempo y los recursos dedicados a la Asamblea podrían desviarse de otras prioridades nacionales urgentes.

Además, el riesgo de polarización política y social durante una Asamblea Constituyente es inmenso. Las divisiones existentes podrían exacerbarse, generando conflictos que podrían tardar generaciones en sanar. Los intereses partidistas y sectoriales podrían prevalecer sobre el bien común, creando una Constitución sesgada que no refleje las necesidades reales de todos los ciudadanos colombianos.

En lugar de apostar por una Asamblea Nacional Constituyente, Colombia debería centrarse en fortalecer y reformar sus instituciones existentes, promoviendo el diálogo constructivo y la participación ciudadana en el proceso político. La construcción de consensos y el respeto por el estado de derecho son fundamentales para el avance democrático y el desarrollo sostenible.

En conclusión, una Asamblea Nacional Constituyente representa un camino incierto y peligroso para Colombia. En lugar de buscar soluciones rápidas y radicales, el país debería trabajar dentro de su marco constitucional actual para abordar los desafíos que enfrenta. La prudencia y la sabiduría deben guiar las decisiones políticas, asegurando un futuro estable y próspero para todos los colombianos.

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