Escombros y esperanzas

Fabián Henao

Hay lugares que son mucho más que paredes y cemento porque guardan recuerdos, historias y grandes momentos; son como los grandes símbolos de la vida de nuestra ciudad. No son simples moles inertes: son emblemas vivos de nuestra identidad pereirana, testigos mudos de las alegrías y de los dolores de generaciones enteras que transitaron bajo la sombra de una Pereira derrumbada que quiere levantarse.
Bastante triste es la noticia que confirma la intervención y demolición parcial de la parroquia San Antonio María Claret, ese refugio espiritual en el parque El Lago que ha acompañado a Pereira desde los tiempos fundacionales de nuestra historia. Duele en el alma saber que las heridas profundas que dejó el terremoto del pasado 10 de agosto han puesto en riesgo su estructura, obligando a los organismos de socorro a bajar las campanas y silenciar el viejo reloj que marcó el pulso de nuestra querida ciudad. Ver la cúpula y la fachada con afectaciones tan críticas genera un vacío inmenso.
Pero el dolor no se detiene en los muros heridos de nuestra emblemática Claret.
La furia de la naturaleza ha golpeado con dureza a gran parte de nuestra familia espiritual: templos y espacios de fe entrañables en toda la Diócesis de Pereira sufren hoy las consecuencias del sismo, extendiendo el quebranto hasta el histórico Colegio Diocesano, las aulas y pasillos del Seminario Mayor y el sagrado recinto de la Capilla de La Badea.
Hoy las piedras caen y los campanarios enmudecen temporalmente, pero la verdadera Iglesia no habita en el cemento, sino en el alma resiliente de su gente. De entre los escombros surgirá la fuerza inquebrantable de una comunidad que sabe de pruebas difíciles. Los templos se volverán a levantar, las campanas volverán a repicar anunciando la esperanza y la fe de nuestra tierra, probada en el dolor se alzará nuevamente más unida que nunca.

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