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domingo, mayo 19, 2024

ESCAMPAVÍA- “MARCHAR, MARCHAR, FORMAR EL BATALLÓN”

Es tendencia

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Las marchas tienen dos orígenes, dos significados; de un lado sirven para expresar descontento por la manera como quienes tienen el poder lo ejercen; del otro son como los gobiernos acuden a sus simpatizantes para reafirmar su dominio.

Los  judíos, bajo la dominación romana, se congregaron alrededor de Jesús de Nazaret, y por contraste prefirieron al Zelote, al violento alzado en armas  más que al pacífico redentor; también lo hicieron los franceses cuando obligaron a convocar a los Estados Generales, o en la Colombia de las bananeras, o la del florero de Llorente o la del 10 de mayo, cuando  celebramos la caída del dictador Rojas Pinilla; no podemos pasar por alto aquellas que se han dando en la Cuba de los Castro, o en las calles de Europa del Este, en Hungría o  Checoeslovaquia o en la Yugoslavia de Tito. Mención especial las que se dieron una y otra y otra vez en la Venezuela martirizada, la que hoy deambula por las carreteras de nuestra América, las de un pueblo que apenas sobrevive, mientras que la clase gobernante vive la opulencia que nos recuerda a la de la Roma decadente, o las fiestas de Batista a las que sorprendió Fidel, todas ellas sufrieron la sangre y fuego con las que les respondieron los gobiernos de turno.  

Las plazas han sido colmadas por: Hitler, Mussolini, Castro, Chávez, Maduro, López Obrador, Ortega o los Kirchner, todas ellas patrocinadas, financiadas, y solidarias con los gobernantes soberanos; tal como lo hizo el presidente Petro.

En Colombia el 21 Abril se congregaron multitudes en todo el país: la gente del común: médicos y  enfermeras, enfermos y jubilados,  adultos mayores, los ya retirados de las fuerzas del orden,  emprendedores y tenderos; gentes que no llegaron ni en buses desde tierras remotas, ni reclamaron por incumplimiento en las ofertas.

El 1 de mayo marcharon: FECODE, ECOPETROL y los sindicatos gubernamentales, los nativos del Cauca que reciben miles de millones de pesos del gobierno quienes llegaron a la capital en centenares de buses desde sus remotos resguardos, los que añoran al M19, los simpatizantes de los armados en armas, los universitarios, los jóvenes de las primeras líneas y muchos otros quienes quieren el cambio que les ofrece el actual gobierno, ellos colmaron las plazas de Bogotá, Cali, Barranquilla y no tanto,  puesto que fueron lánguidas en las otras capitales, y vale destacar no marcharon: ni los indigentes, ni los más necesitados, por el contrario marcharon los sindicatos que tienen millones de sobra para pagar elecciones, los universitarios usando zapatos de marca, los empleados públicos y sus sindicatos, todos ellos son personas  que no son ni miserables ni mendicantes y también marcharon, en grandes números, quienes quieren el cambio y lo hacen de corazón y convencidos que existe una alternativa que les dará una mejor la vida, ellos apoyan a un gobierno poderoso, dueño de todo y dispensador de favores y a cambio de ello están dispuestos a entregar sus libertades y decisiones en manos de una burocracia;  del otro lado desfilaron quienes piensan que   la nueva izquierda no ha generado: ni más empleo, ni premia el trabajo, la dedicación, el emprendimiento y a los generadores de empleo, por el contrario solo ha producido: miseria, hambre, ciudades en ruinas, la falta de todo, tragedia que explican con la culpa es del otro, y de sobremesa impera la opresión, la corrupción y el derroche de lo ajeno.

Como todo extremo es vicioso pensamos que en el capitalismo tiene máculas notorias, unos muy pocos acaparan mucho y manipulan el mercado y los gobiernos en su beneficio, pero, que raro, la otra orilla, la de la izquierda, cae en los mismos vicios, una cúpula millonaria y super poderosa y corrupta, comparable con creces la de los unos con la de los otros acaparadores de lo que es público y ajeno.

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