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domingo, junio 16, 2024

Escampavia- Cambiar, el paradigma moderno

Es tendencia

¡Y refundaron a Claudia!

¿Y quién controla?

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 Cambio lámparas nuevas por lámparas viejas, pregonaba el tramposo y el ingenuo cayó en trampa, la vieja contenía la manera de hacer realidad todos los sueños, la nueva solo lucía mejor, pero como decía el ingenioso hidalgo, “nadie cambia su caballo por bueno” y agregamos nosotros, a menos que lo engañen en el trato.

Cambiamos no solo de quienes ocupan los carros oficiales, como era la simplista manera con la que un curtido político colombiano reconocía el encanto de los cambios, los que lucen mejor cuando se venden con malicia y tino; muchos de los nuestros se apuntaron al cambio; las lámparas nuevas tienen padeciendo a todos menos a quienes están viviendo sabroso de cuenta del erario público.

 El cambio de lo viejo: ajado, con desequilibrios, enfermo de burocracia, de corrupción, por el lustroso ofrecimiento llegado de la vieja Rusia, de Venezuela y de Cuba, donde las lámparas nuevas condenan a la oscuridad, a escases, a violencia y a una tiranía que ya nos anuncian se perpetuará, como lo han hecho todos en el vecindario, ese cambio está resultando un cambalache de lo defectuoso por lo desastroso.

Un gobierno para ser legítimo debe recibir el encargo de manejar la cosa pública en unas elecciones que hubieran sido trasparentes, sin trampas y que con el cambio garantice: un  sistema de salud confiable, un régimen impositivo pagable, unos servicios públicos eficientes, un empleo digno, un aparato productivo vigoroso, una trasparencia en el manejo de los dineros, ausente de coimas, favoritismos y nepotismo, un país seguro y sin violencia, un gobierno de mayorías que respeta los derechos de las minorías y no un gobierno de minorías que agrede a las mayorías.

Lo que ha ocurrido con la salud lo predijo el presidente cuando sonriente ilustraba el plop plop, plop del desplome. Los laboratorios y hospitales atiborrados de gente que recibe atención médica real, exámenes de laboratorio con los que nunca soñó, hospitalizaciones en clínicas a las que jamás tenía acceso, una prolongación de la expectativa de vida similar a la de los países ricos, todo eso es lo que el cambio finalmente destruyó y que costará muerte y dinero, por la falta de medicamentos, por la curva de aprendizaje de los ineptos nuevos responsables, por el reemplazo de  nuestros médicos que estudian desde siete y hasta diez años para ser especialistas, por otros graduados en un par de años, a la carrera, muchísimo menos capacitados e importados, en una palabra por el chamboneo con lo más importante, la salud y la vida, tal como ya lo sufren los maestros, nadie sabe lo valioso que es lo que tiene hasta que lo pierde.

Coletilla: dijo Marta Manrique, quien fuera gerente y una de los artífices de primer nivel del aeropuerto Matecaña, en un reciente reportaje: lo que yo de verdad no entiendo y no entendí es porqué nosotros pudimos hacer inversión entregándole al municipio el 40% sobre los ingresos brutos al municipio y no había hace tres o cuatro años que entregar esos dineros ¿porqué, hoy cuando los ingresos se han incrementado mucho, las inversiones no los puede hacer el aeropuerto con recursos propios?

Coletilla dos: Autopistas del Café está anunciando la entrega de cuadernos y juguetes e inversiones de miles de millones de pesos en cosas distintas a las carreteras; ¿recuerdan que hubiera regalado algo antes de que empezara la Veeduría a reclamar por obras inconclusas y por la propuesta de hipotecar nuestra posibilidad de mejorar nuestras vías por treinta años; será que le sobra el dinero que debía haber invertido en las vías que nunca hicieron?.

Coletilla tres: Quinientos mil trabajadores de la construcción se quedarán sin trabajo en Colombia, antes de que termine este semestre. En Pereira, la ocupación del cable ha disminuido por la misma razón.

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