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lunes, mayo 27, 2024

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La Vorágine

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Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

Lo dijo Mafalda: el que tiene que cambiar en el 21 eres tú.

Queremos un año nuevo mejor que el anterior, libres de la plaga, disfrutando de la paz creadora, un país en donde la corrupción y la guerra no nos roben la posibilidad de vivir sin inequidad y desigualdad, un país en donde no se enseñe odio, un país en donde el respeto por la naturaleza sea el paradigma, en pocas palabra en un país que no mienta, no odie, no robe, no mate, no desperdicie y donde nos cuidemos los unos a los otros, para ello quienes tenemos que cambiar somos nosotros no el calendario ni los superhéroes que nos venden promesas que son imposibles de cumplir, tal como lo hacen los populistas de uno y otro bando.

Hagamos un trato como lo pedía Mario Benedetti, el poeta uruguayo, bien distinto del charlatán nuestro, digámosle a la patria y a nuestra gente, usted puede contar conmigo.

La paz, el país donde se pueda vivir sin miedo, ha sido buscada, rogada, implorada, negociada, una y otra vez, desafortunadamente solo se han logrado  éxitos parciales e insuficientes: Santos quien intentó comprarla a cualquier precio, Uribe quien aplicó mano fuerte y consiguió desbaratar a los armados organizados, Gaviria quien firmó con el M19, el EPL y otros grupos menores, Belisario cuyos pañuelos blancos se comió la polilla, Pastrana y su medio país despejado, Samper y sus comisionados inútiles, Rojas Pinilla quien recibió la larga fila india de Guadalupe Salcedo y su gente,  ninguno logró la paz, entendida como la ausencia de sangre en los campos y calles justificada en razones políticas, por el odio; esa que es negociable solo logra el retiro de los fatigados, mientras que la organización retoña como cafetal recién soqueado, indefectiblemente aparece otro grupo que asume con entusiasmo la lúgubre y rentable tarea de ejercer la violencia.

La otra violencia la que se alimenta de la intolerancia, la avaricia, las venganzas, el licor, por negocio, por las más diversas causas que matan más gente que las organizaciones armadas esa no es negociable, requiere de un cambio en la educación, en el ejemplo, en el comportamiento de la sociedad entera.

Hagamos un trato cambiemos el odio por la tolerancia, cambiemos el sentimiento de destrucción por la convivencia entre dispares, así empezaremos a construir la paz que ha de ser un propósito colectivo y no un trofeo que buscan los vanidosos para mostrar al mundo entero el fruto de su victoria.

Hagamos un trato, cambiemos y abandonemos las prácticas corruptas, no hagamos trampa ni en lo pequeño ni en lo grande, los gestos de honestidad deben ser premiados; el buen ejemplo debe ser el norte y la intolerancia con el mal ejemplo un paradigma, por ello la sociedad debe repudiar a los ladrones y tramposos de todos los pelambres, empezando por los que se han incrustado la cúpula de la sociedad: los togados, jueces, fiscales y los entes de control quienes no solo delinquen sino que se absuelven los unos a los otros como está ocurriendo con el mentado cartel de la toga.

Nuestro país de leyes, frente a la corrupción, ingenuamente ha creado una maraña de normas y entes de control que nos cuestan mucho más de lo que nos ahorran, talanqueras que encarecen las obras y sirven de pasto de cultivo para que los bandidos se lucren y los honestos ya no quieren participar en la construcción de país, conocedores de que muy probablemente, por cuidadosos que sean en el manejo del patrimonio público, terminarán encartados.

Hagamos un trato seamos buenos ciudadanos entonces tendremos la paz, el progreso y la justicia social tan anhelada, en una patria llena de gente buena, trabajadora, solidaria y alegre, merecedora de una Colombia libre de los vivos, de los asesinos, de rémoras sociales incrustadas en el estado y viviendo del patrimonio público mientras socaban los cimientos de la democracia.

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