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sábado, junio 15, 2024

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Es tendencia

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Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

Los seres vivos reaccionan más a los estímulos negativos que a los positivos; así los políticos se apoyan en lo malo para proponer la palabra mágica CAMBIO, misma que contiene todo lo que deseamos, sin necesidad de explicar ni como se logrará, ni a dónde nos conducirá y menos las consecuencias de cambiar lo que hoy funciona, por aquello que ni siquiera se ha diseñado.

Otro elemento que se conjuga para la polarización es que damos por cierto todo aquello que coincide con nuestro esquema mental, circunstancia que se multiplica por la big data, perfeccionada por la inteligencia artificial, la máquina hace discursos y ensayos, remeda nuestra voz, genera rostros y hasta recuerda lo que miramos o escuchamos para después bombardearnos con cosas que se le parecen; así en política, los de derecha reciben lo que los de la derecha dicen y los de izquierda lo que predican sus correligionarios.

Los prejuicios son tan fuertes que sustituyen a la evidencia, misma que se controvierte con pases de capa, así el primer ministro británico, ante las advertencias de los expertos que la separación del resto de Europa sería un error, derrotó a los estudiosos con: “El pueblo está cansado de los técnicos”; o la conclusión de los organismos internacionales de cómo el sistema Colombiano de salud es de los mejores del mundo y de la favorable opinión que de sus resultados midieron las encuestas, se destruye con: “Esas encuestas no consultaron a los millones de muertos por culpa del sistema”.

Dijo Goebbels “el dueño de la calle es el dueño del poder” tal como lo lograra Hitler en la ilustrada Alemania, o Mussolini en la histórica Italia y como lo han venido experimentando las nuevas izquierdas y derechas, así nos topamos con gobiernos que llegan con discursos que elaboran sobre lo negativo, pero sin claridad y muchas falencias cuando tratan de poner en práctica las consignas victoriosas.

Cambio nos ofrecieron y cambio habrá; lo que aterra es confirmar que estos cambios hablan mucho de lo malo, pero casi nada, ni de las consecuencias, ni de las estrategias realizables para lograr ese mundo feliz, aquel que cada día se parece más a un sueño, pero a diferencia de como “soñar no cuesta nada”, el traer fantasías a la realidad mediante decretos y leyes armadas a retazos y sin estudios de fondo y planes viables, si cuestan y como nos lo muestra el vecindario, son demasiado caras.

Un mejor sistema de salud es una meta inobjetable,  confirmar que quienes lo deben construir tienen  mucho que decir de lo malo del existente, pero muy poco sobre cómo hacer otro mejor, es la realidad que asusta; cambios para salvar al mundo de la catástrofe ambiental son bienvenidos, pero otra vez toneladas de argumentos para reiterar lo malo de quemar hidrocarburos ignorando lo bueno que con ellos construimos, lo indispensables que son para nuestra débil economía, lo irreemplazables que son a corto plazo e iluso magnificar el efecto que hará una brizna en un mundo que no puede vivir un solo día sin la energía, los abonos y las comunicaciones, es otro sueño; la compra de la seguridad ciudadana con el nombre de La Paz Total, para diferenciarla de la Paz parcial que ya estamos pagando, repitiendo la  liberación y la entrega de prebendas a delincuentes y actores violentos,  mucho nos tememos no reducirá significativamente los asesinatos y la violencia.

Espero equivocarme, pero incrementar desproporcionadamente los impuestos, que es una manera de expropiar, destruir el sistema productivo, descalificar lo bueno y lo que la experiencia y la ciencia nos enseñan, por la algarabía del tropel, en una sociedad integrada por: Políticos, empresarios, jueces, legisladores, burocracia, gobernantes, periodistas, organizaciones y tanta gente corrupta y sin oficio, nos conducirá a donde no se vive sabroso.

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