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miércoles, abril 17, 2024

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Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas” dijo Edward Norton Lorenz en su ya conocida teoría del caos, para explicar como pequeñas perturbaciones pueden generar cambios inusitados en la atmósfera, el sociólogo Marshall Mclujan, para ilustrar su aldea global, hablaba de como el sonar de un tambor en el Africa podía ser escuchado en todo el orbe; lo que ocurre en otros lares se repite en la sociedad contemporánea y cobra especial fuerza en la economía con la globalización imperante, así el desarrollo de las comunicaciones, el transporte, el valor de la moneda y las necesidades reales o adquiridas por hombre contemporáneo, hacen que un movimiento allá afecte el precio de otra cosa acá.

Somos una generación que ha vivido no solo los gigantescos cambios como producto de los avances y descubrimientos que se han convertido en parte de la vida cuotidiana: la radio, las vacunas, la medicina, la televisión, el motor que ha evolucionado en el robot, el avión, las semillas, la manipulación genética y los métodos de cultivo que han multiplicado exponencialmente los alimentos, el mundo digital que permite conservar, difundir y multiplicar en milisegundos el conocimiento o las verdades y mentiras, no ha sufrido las  grandes guerras que enlutaron la primera mitad del siglo pasado y las pestes destructoras como la negra que mató a casi todos los afectados.

Somos una generación que conserva las enormes desigualdades que han sido el patrón histórico universal, aquella entre las noblezas, los sacerdotes y brujos, los guerreros y la plebe, diferencias que no se han superado en  parte alguna, con el paliativo, en las sociedades que acumularon recursos por el avance en los conocimientos y otras prácticas no santas, reducir la miseria, mientras que sus élites disfrutan lujos farónicos que en el tercer mundo solo están al alcance de la clase política, de los empresarios que se enriquecen por su cercanía con el poder dominante y las estrellas del entretenimiento y los deportes.

Los repetidos anuncios de una crisis económica que nos afectará a todos, resultado de una guerra en Europa, de los cambios en el clima y por el enfrentamiento que  polariza a la sociedad contemporánea, la cual se debate entre quienes creen que los bienes y servicios deben mantenerse en manos de los particulares y los que pregonan el cambio de élites, para entregar a la nueva clase dominante, la producción y distribución de todo, en la tesis que estos nuevos patrones serán distintos y harán un buen gobierno como nunca conocido en los siglos anteriores, mismos que no pueden mostrar un solo  éxito en donde estos nuevos adanes gobiernan y se perpetúan como monarcas que no admiten voces disidentes.

Colombia está siguiendo la misma partitura que está sonando en el vecindario, con el agravante que ahora tropieza con el efecto global de la escasez, así que de no rectificar a tiempo, arruinará a la nación; el deterioro de las finanzas de un país cuyos ingresos fiscales venían creciendo como en ningún otro  en nuestra América, el estrangulamiento del sector productivo, la desaparición de la extracción de hidrocarburos que nos dan el 60% de las divisas y la realidad de que importamos  alimentos, nos conducirá al desastre que viven quienes hacen cola para obtener el sustento diario.

Nos preocupa que cuando se derrumben los endebles apoyos comprados con las golosinas que reparte el altanero manzanillo de moda y dejen de aprobarle todo sin ponerle comas, entonces surja la dictadura que le permita echar mano de todo, de las leyes, de los bienes, de las cesantías, único recurso abundante disponible en un país que ha empobrecido su moneda a pasos agigantados.   

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