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jueves, febrero 22, 2024

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Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

El no creer en lágrimas de cocodrilo ni en cojera de perro, ha caído en desuso en Colombia.

A pesar de recordar las mil promesas incumplidas, por esa mala costumbre de creer, como dice el Cacho Castaña, nos hace creer que Petro acatará la Constitución y las Leyes; Santos, la Corte y el Congreso no lo hicieron cuando burlaron el inapelable veredicto de las urnas.

Ahora bien ¿cuanto tendremos que esperar para empezar a “vivir sabroso” y cuanto costará el cambio?; a lo segundo con una reforma tributaria que no puede golpear gravemente: el consumo, el empleo, la producción y el emprendimiento; en cuanto a lo primero es más difícil de vaticinar, dependerá de muchas variables que se escapan al control del gobernante.

  La guerra en Ucrania afecta el precio de los abonos, de los alimentos; Colombia importa el 30% de lo que se come, y de otro lado Europa, que depende de la energía Soviética, está en problemas.

Cuando la Ministra del ramo dice que, cuando se acabe el gas, lo importaremos de Venezuela, así se está entregando a otro país nuestra independencia energética, dejamos de recibir el 60% del dinero que necesitamos para importar lo que no tenemos y, para desdibujar una tesis, que no dejaremos de afectar el ambiente quemando el gas ajeno.

  La inflación en Estados Unidos se ha acercado a los dos dígitos, los ingleses están entre poner combustible al auto, calentarse o alimentarse; los españoles lavan la ropa a media noche; Argentina ha llegado a racionar el consumo de carnes, el tórrido verano del norte literalmente ha quemado las cosechas.

La Paz total reconoce que la de La Habana fue un pacto con una parte de las Farc, largo proceso que se reinicia, de una parte, con la otra mitad que firmó y después siguió en las mismas y de otra con el Eln; además se empiezan a vislumbrar conversaciones con otros grupos armados, independientemente de sus razones e historia; esta será otra luenga empresa que no saldrá gratis y será un remedio parcial a la violencia que sin razones nos azota desde siempre.

Habrá un futuro incierto en el concierto internacional en la escasez de todo; los problemas internos requieren el manejo de un artista.

El eterno conflicto por la tierra, que algunos identifican como una de las principales causas de la violencia de entonces, ya vulnera muchos otros derechos; las promesas que ya hacen agua de racionalizar los sueldos del: Congreso, las Cortes y los entes que se dicen privados y  manejan recursos públicos y la reforma agraria, que es correcta si se hace con tierra inexplotada, más cuando tenemos unos Llanos Orientales enormes que pueden producir, pero requieren de vías y de trabajo y capital para mejorar los suelos; además repartir la tierra requiere de: gente con vocación de trabajar en el campo, de maquinaria, insumos, saberes, tecnología y tiempo para que madure y crezca lo que se siembra, y falta definir si conservar fauna y flora, que es defender la vida, está en la bitácora, si subir los impuestos a las gaseosas o a los perros calientes tiene el único propósito de defender la salud de los consumidores, si quitarle a un jubilado honesto, el resultado del ahorro de toda una vida, es lícito, legal y moralmente correcto.

No es fácil la tarea, fundamentalmente la crisis de expectativas con que lo recibe la izquierda delirante, la que nunca quiere dar de lo propio y distribuye con largueza lo ajeno; así que mucha inteligencia, buenos asesores y buena fe es lo que le deseamos acompañe al señor presidente.

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