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miércoles, julio 24, 2024

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Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

Para hacer algo en Colombia se requieren más abogados que ingenieros, técnicos o especialistas, nuestro país, que algunos califican como un estado neo liberal capitalista de antaño, en realidad es una mezcla de lo peor de todos los sistemas; todo está tan regulado, existen tantas limitaciones y requisitos que nos hacen la vida màs difícil, haciendo complicado lo que deberìa ser fácil, cambiando las reglas y generando costosas incertidumbres.

Ejemplos como es el delegar en entes privados las responsabilidades inherentes al estado y para ello, entregar los impuestos llamados recursos parafiscales, o a través de contratos asignados a dedo, o lo más común, con un mezcla de las dos estrategias, se han creado unos entes tan poderosos que ya parece imposible modificar un estado de cosas que reclama atención.

Los burócratas y políticos aunados actúan cada día para producir normas que para nada distinto sirven que para hacerle la vida más difícil al ciudadano, veamos ejemplos recientes.

A raiz del mal uso que delincuentes le han dado a las pistolas deportivas llamadas traumáticas, alarmado el gobierno, diseñó una norma para que los poseedores de una de estas la remita para que sea censada, marcada y regresada a su propietario al cabo de unas semanas; asi le han complicado la vida a quienes adquirieron esas que no son armas pero que pueden llegar a serlo si son modificadas por los expertos; será que los bandidos que ya las modificaron o los poseedores que las tienen con el ánimo de delinquir se someterán al farragoso procedimiento reglado, la respuesta es ninguno, eso sólo servirá para judicializar a quien con ese pseudo juguete trate de protegerse.

Con el ánimo de conservar los guaduales le han entregado a las corporaciones ambientales la regulación y el control de ese que es el apoyo de campesino, elemento presente en todas las construcciones de la cultura de la cordillera colombiana, así las cosas el propietario de la finca que tiene un gradual ha de solicitar un permiso para hacer mantenimiento, explotar económicamente el cultivo o vender una cepa; el dueño de las matas tiene que pagar para que los funcionarios hagan una visita, elaboren un censo y después de meses, a veces años, finalmente concedan un permiso para que un empresario, ajeno al propietario, sea quien se beneficie de la madera; a tal punto llegan las cosas que el agricultor no recibe lo que vale su cosecha; esta es otra norma inane que solo le hace la vida más defícil al hombre del campo; ningún campesino destruye sus guaduas, ese es un tesoro  que hoy se ha convertido en un dolor de cabeza por cuenta de los legisladores que otra vez producen una norma que genera el efecto contrario al que se busca.

Miremos las Cámaras de Comercio, entidades que se crearon con el próposito de servir y facilitar los negocios entre los particulares a través de su actividad misional cual es la de servir de garantes de la fe pública; la norma hace que los empresarios, grandes y pequeños, deban renovar la matrícula mercantil año por año, y pagar por ello.

Las burocracias crecen y se reproducen, viven de los que generan riqueza, las Cámaras, que nos sirven de ejemplo, se comportan como las muchas otras instituciones que hoy proliferan y es asi como para su misión utilizan una fración muy pequeña de los recursos que captan del público y con el resto buscan un que hacer: presentan cine, hacen teatros, actos públicos, contratan con el estado estudios, sus funcionarios se perpetúan y se asignan sueldos envidiables: otro ejemplo de los emporios burocráticos generadores de tramitología que hacen más cara y más difícil la vida del ciudadano.

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