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jueves, febrero 22, 2024

Es una pena

Es tendencia

UTOPIAS

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

No es posible tapar con la mano la presencia de una inobjetable realidad. La contundencia y el estilo agresivo y violento de unos sectores sociales enmarcados en la ilegalidad. De unas fuerzas oscuras y peligrosas atentatorias del orden y de la vida en paz. Las condiciones generales y económicas, no solo en el país, sino en  el orbe, han polarizado y de qué manera, las posiciones de unos y otros. En nuestro medio, es innegable la ausencia de credibilidad hacia algunas instituciones, cuando no en todas, proliferando los excesos en eventos donde las situaciones no ameritan un método en el obrar, dando lugar a una exagerada crítica respecto de los comportamientos de las avanzadas encargadas de conservar la calma y de evitar los  desmanes, hechos estos olvidados y marginados de todo castigo y de los reproches razonables del conglomerado. Lo lamentable del cuestionamiento no necesariamente infundado, radica en la forma y el modo como  aniquilan y asesinan a quienes actúan en observancia del compromiso adquirido. Es una pena hacer una afirmación de tal entidad, empero el rigor lo exige y acredita.

Son numerosos los casos en los cuales se ve envuelta la seguridad  ciudadana en una encrucijada, frente al hostigamiento irrebatible de los enemigos del Estado o del establecimiento y el detrimento de bienes y capital de una clase trabajadora o media, la mayormente víctima de los asedios de la delincuencia, precisamente por la calidad, en atención a la falta de recursos humanos y tangibles, capaces de enfrentar al avieso deseoso de querer apropiarse de sus haberes. Surge de lo expuesto y de la cruda expresión de incertidumbre reinante,  la duda de advertir si es la carencia de los medios idóneos para  encarar el asunto o es la total inoperancia del funcionario público, siempre adelantados y superados en la ilicitud.  La experiencia y los sucesos mismos, señalan y muestran una constante en este tipo de problemas, una impronta en la ocurrencia de acontecimientos bastante deplorables: el infractor sobrepasando a los demás, en particular a la autoridad. Últimamente, es increíble percibir la muerte de muchos servidores, masacrados e indefensos. No resulta sensato, ni lógico, exponer a las personas  lanzándoles al manejo de una misión, sin antes conocer las circunstancias y el modus operandi de los contrarios.  No es aceptable, a sabiendas de su diario acaecimiento, continuar en una serie de errores y de imprudencias a la par de un saldo tan catastrófico de bajas y de decesos, a causa de los golpes asestados alevemente en las embates desleales que las acechan. Es menester fortalecer las unidades correspondientes, incorporando personal avezado, pero en especial, dotado de las herramientas intelectuales y materiales suficientes  y en el cometido de ir delante de las pretensiones  nefastas de   los depredadores, ajenos y alejados de exteriorizar esas características de improvisación y de ingenuidad,  mostradas a través de las sanas intenciones y del exclusivo cumplimiento del deber.

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