“Encrucijada“

Héctor Tabares Vásquez

Puede constituir falta de sentido común, un error imperdonable,  arbitrariedad, además de  ausencia completa de sensatez, irse lanza en ristre contra la tecnología, en particular, desconocer los avances de la ciencia, de rechazar o poner en duda alguna o todos aquellos adelantos surgidos durante la existencia de la  humanidad. Es un proceder respetable, en razones, fundamentos, necesariamente en vías de refutar o convalidar. En general y en lo interno, todo cambio, más si es radical, indica de un modo inequívoco, permanecer a la saga de la continuidad del universo, en la medida de no ser exclusivamente adverso  al relevo, sino también, lo de gravedad suma, el quedar en condición de atrasado, allende el estado de anticuado, vetusto. Es en este momento de la vida, en el instante de coincidir los criterios antagónicos, cuando asoma un temple  demasiado incidente en el diario discurrir como  persona, ubicado en base al advenimiento de las transformaciones mencionadas, en el entendimiento de hallarse atrapado entre  uno y otro fenómeno colectivo. De repente, la reacción es quizás de oposición extrema, irreflexiva, negándose de plano a ingresar en el círculo de  modernidad súbita e impertinente, dentro de la cual acuden situaciones diversas, dígase por ejemplo, la parte económica, al igual la comunitaria, de cuyas circunstancias es probable se deriven otras  no menos importantes. El acontecimiento siguiente o la actitud a seguir, es de un rigor específico en cuanto a  sí es factible, viable, consecuente, recalar en el juego e intentar adaptarse al novedoso, provechoso, útil descubrimiento. Ante la disyuntiva, lo a optar creeríamos en ese pensamiento dual, de ningún tenor la coyuntura anunciada porque en tal contexto, de acuerdo a la época, la formación, de aspecto mayormente especial, la edad, repercuten perniciosamente. En el campo planteado de la adecuación, implicaría iniciarse en el asunto y en plata blanca, estudiar otra vez. En la  orilla opuesta, en el   repudio, supondría postura integralmente irrisoria, falsa, vanamente equivocada, puesto que los resultados indudablemente denotan el deterioro total, significando renuncia descalificadora del trabajo,  en su calidad de individuo sujeto de derechos  y de obligaciones. Así, pues, ni el empezar a pretender entrar en el ejercicio,  tampoco la deserción o el abandono, representan  calificada la opción. El decidir en dirigirse a los cuarteles de invierno, es la determinación consciente y acorde a la posición social, mental, cultural. Centrarse en asimilar lo básico en los conocimientos adquiridos, procurar no sea borrado de un tajo el acervo, prodigarles la aplicación susceptible de hacerse, evitar el choque, la confrontación, mostrándose congruente, coherente con el entorno donde circule o mueva, en el medio en cuyo seno esté actuando. La materia no es tan elemental de considerar, estimándose rebasa  educación regularmente estructurada.

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