Todos los años sin excepción sucede lo mismo y la palabra “quemados
por la pólvora” se volvió parte del paisaje, siempre echándole la culpa al
descuido de los padres y de los niños. No busquemos el ahogado río
arriba, no espero a enero para oír estadísticas de disminución de
tragedias, aceptando el indicador que es bueno, pero los resultados en la
integridad de las personas, es nefasto. A pesar de que las autoridades
sacan pecho con su gestión, los hospitales se llenan y los noticieros sacan
unas imágenes que producen dolor. Por eso aplico la cantaleta unos días
antes de iniciarse el posible dolor. Desde que me conozco cuando llega la
temporada decembrina, es grato llegar a la época por los regalos, la
integración familiar, los villancicos, la natilla y los buñuelos; pero no
olvidamos nunca la famosa frase de “cuidado con la pólvora”. Con el
pasar de los años a esa frase no se le para bolas y se hace caso omiso a
los padres, profesores y autoridades; sí ha disminuido el uso masivo de la
pólvora, pero desde finales de noviembre hasta los primeros días de
enero, no hay noche ni madrugada que no se oiga el ruido de ese mal. No
hay temporada donde los noticieros dejen de pasar las tristes noticias de
niños y adultos que pierden sus ojos, sus dedos o parte de su cuerpo; es
dramático ver esos cuadros dantescos donde miles de familias nunca
olvidarán el momento en que cualquier artefacto de pólvora acaba con la
felicidad de millares de personas. Lo que no se puede entender es que,
sabiendo el origen del mal, las autoridades sean laxas con lo que podría
ser la solución; la venta ilegal de pólvora es bien conocida y la policía
sabe quienes la expenden, pero año tras año su falta de autoridad es
evidente, siempre hay tragedias con el uso de la pólvora. Estamos pronto
a empezar la temporada de fiestas de fin de año y valdría la pena que
gobernador y alcalde con sus respectivos secretarios de gobierno,
llamaran al comandante de la policía y lograran el compromiso de
combatir de frente este flagelo y permitir por primera vez una navidad
sin accidentes ocasionados por la venta y uso ilegal de la pólvora. Es una
cruzada necesaria y la ciudadanía siempre agradecerá esta gestión, no le
echemos la culpa al explosivo, la culpa es de quien lo expende o de la
autoridad que peca por su omisión.
