Neverg Londoño Arias
El deporte es una actividad propia del ser humano en cualquier edad; se practica en todos los espacios de la geografía: montaña, valle, agua, nieve y cielo. Es simple como caminar, correr y saltar solos y complementarse con esa conversación consigo mismo, siempre presente y necesaria; pero también puede ser complejo, fuerte y exigente de riesgo.
El deporte competitivo enfrenta personas o grupos estableciendo tiempos límites en cuanto medidas de velocidad, resistencia, fuerza, astucia y engaño permitido, para obtener un premio. Los resultados conllevan a grandes emociones que despiertan y las pasiones que se construyen desde la apertura que hace la sociedad que lo acoge. Dada su importancia para el mundo del entretenimiento es motivo de estudio por las ciencias humanas y como actividad se ha logrado acomodar en el mundo de los negocios con una altísima rentabilidad y la participación de cientos de miles de personas que realizan los más variados oficios.
El juego de la pelota empieza en los lejanos tiempos de la comunidad primitiva. Se estructura en Inglaterra y se hace deporte de obreros en los momentos de descanso en los comienzos de la producción industrial. El fútbol pasa a ser juego de niños y adolescentes en las calles de los barrios pobres de las grandes ciudades y tal vez muy cerca a las playas, junto al mar, como entretenimiento de pescadores antes o después de las faenas de la pesca.
Estamos en modo fútbol, la atención de muchos millones de personas se hace presente en las graderías de los estadios, frente a las pantallas o la radio. A cualquier lugar llega la imagen a distancia de la mejor jugada, la falta provocada, los comedores de uñas y los inofensivos madrazos como escape ante la frustración repentina.
El virtuoso en este deporte entra al moderno sistema de pases, simulada compraventa de personas. El jugador adquirido en “la nueva contratación” se disputa el derecho a estar entre los mejores para aumentar su valor en la subasta anual y llegar a ocupar el lugar merecido en el pabellón de la fama. Allí se disfrutan todas las banalidades que ofrece el dinero en abundancia.
Un partido de fútbol es un encuentro que enfrenta dos grupos de jugadores opuestos donde debe primar la “cooperación y la interacción” en cada uno de ellos. Para lograr el resultado deseado se hace uso de fuerza, velocidad e inteligencia, incluyendo la truculencia y el engaño. Se cuenta además con un grupo de apoyo que incluyen al santo de devoción y al brujo que juegan de locales.
