En este momento

Héctor Tabares Vásquez

Teorías van, vienen, surcan los tiempos, las civilizaciones, todas en busca incesante de la verdad, el origen del Universo, de la existencia. El hombre, las instituciones, las doctrinas, cada cual trazando un rumbo, enunciando argumentos, exponiendo las razones, persuadiendo sólida, convincentemente en los aspectos denominados cruciales, en el cometido de atraer, de hacerlos parte activa del conglomerado respectivo. Como es lógico, habrá personas quienes tienen el arraigo en creencias tradicionales, carentes de un solo momento de duda, conservando desde la infancia, su formación familiar, los principios y fundamentos del modo de pensar. En la diversidad, el marco conceptual humano, se contempla variedad demasiado común en el medio. Es aquel caracterizado en una raíz eminentemente parroquial, centrado en educación ancestral, apegados a una idea en un Dios universal. Del seno de comunidad así, surgen los rebeldes, jóvenes que se estrellan contra el rito, a todo relativo a lo vigente, en el afán de reclamar derechos, abandonan lo anterior, adentrándose en composiciones más complejas, extremas hasta el impulso álgido de empuñar, de tomar un fúsil. La época, las circunstancias, conllevan cambios estructurales de la sociedad, de esta forma, en virtud del flujo de la relevancia citada, el individuo no es ajeno a esos giros ideológicos, asentándose en las antiguas modalidades o en otras, anhelando hallar respuestas a las inquietudes. En eventos de la categoría de las actuales, atendiendo la inmensidad de efectos y consecuencias, observamos actitudes disímiles, entre ellas las nuestras, clamando a los cielos por la benevolencia de la vida o la resignación, en presencia del daño y pérdidas sufridas. La realidad apunta a la única certeza, es la conmoción ciudadana, el desenlace de ella es el concluir en la imperiosa necesidad de abrir las puertas del alma, dándole cabida a las afujías de sus semejantes, sin importar dogmas, condición, género, menos aún cierta posición en la colectividad. Aquí, el ahora, radica en la mesura, la calma, paciencia plena para permitir el trabajo de los adalides encargados de aplicar acertadamente los apoyos, evitando la manida práctica de equivocar los recursos, enviándolos erróneamente a las manos de los ociosos de costumbre. La emergencia es de entidad, naturaleza y magnitud, al punto de no ser tan trascendental el renglón alimenticio, constituyéndose la vivienda, la salud, en factores fundamentales, esenciales; la preocupación en el bienestar, la calidad de supervivencia, en el sentido de poder desenvolverse, acudir al encuentro de un empleo digno, No es tanto salir a llevar aportes traducidos en alivios pequeños, sino efectivamente revertir los auxilios, las unidades correspondientes en los hogares apremiados frente a la ausencia de un techo, a estabilidad mayormente tranquila, serena. Plausible el deseo, la intención de aligerar la carga, no obstante el empeño exigido es sumamente superior y es ahí donde está el escenario obligado a fortalecer, en aras de mantener ese espíritu solidario de la región, la constancia de continuar en la historia en la índole de tales. Es imposible imaginar el Estado, las poblaciones comprometidas siempre en las jornadas inolvidables, estimen prudente realizar un esfuerzo supremo, ejercitándose la manera novedosa, ingeniosa iniciativa superarando las precedentes acciones en el proceder. Es un ocasión inmejorable es pos de lograr reivindicarnos de cara a todos, ante nosotros mismos.

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