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lunes, julio 15, 2024

EN BUSCA DEL CIVISMO PERDIDO

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Víctor Zuluaga Gómez

Se han venido realizando convocatorias en Pereira, con el objetivo de intercambiar opiniones sobre el civismo, para despertar ese sentido de pertenencia y entrega a la ciudad, uno de los aspectos que sin lugar a dudas tuvo un gran auge a lo largo del siglo pasado.

En el libro que escribí al respecto, titulado “En busca del civismo perdido”, planteo las condiciones en las cuales se desarrolló, se consolidó ese espíritu cívico que permitió realizar grandes obras con el aporte de la mayoría de sus pobladores. Aspectos, por ejemplo, como la bonanza cafetera que permitía disponer de grandes recursos para el desarrollo de infraestructura, como redes viales, centros educativos, de salud. Por otra parte, eran épocas en las cuales, se dependía administrativamente de Manizales que era la capital de Caldas, a la cual pertenecía Pereira, y era evidente la rivalidad que se presentaba entre las dos ciudades. Y también hago alusión al papel jugado por el clero católico en la medida que el liderazgo de muchos sacerdotes era incuestionable. 

Lo anterior para decir, que una cosa es el siglo XX y otra el siglo XXI. Es decir, las condiciones económicas, políticas y religiosas han tenido una gran transformación y pensar en recuperar ese espíritu cívico de antaño, no es posible hacerlo sobre la base de las condiciones que existían en el pasado. El pensador Marc Auge, en su “Antropología de la movilidad”, es claro cuando plantea: “Una cosa conocida que hoy en día ya no es posible imaginar, una ciudad que no esté conectada con la red de otras ciudades. El espacio urbano formado por el mundo ciudad y la ciudad mundo, los filamentos urbanos, las vías de circulación y los medios de comunicación, resultan hoy en día un espacio complejo, enmarañado, un conjunto de rupturas en un fondo de continuidad, un espacio en extensión en el que las fronteras se desplazan. ¿Cómo imaginar la ciudad, sin imaginarse el mundo?.”

Toda acción que se emprenda para la “búsqueda del civismo perdido”, deberá contar con un análisis de los cambios que tanto el espacio como el colectivo han experimentado. Para ello es la historia, para dar cuenta de dichos cambios y proponer los caminos adecuados. Ya no es la Pereira que acudía con fervor a las misas diarias a escuchar con atención el sermón del sacerdote. Ahora son los sacerdotes lo que se desplazan a los centros comerciales y clubes sociales, para ofrecer la misa, por ejemplo.

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