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sábado, junio 22, 2024

El Sexting, un problema de salud pública

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Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez

Columnista

La virtualidad, el internet, las distintas y muchas plataformas digitales están colocando en jaque a una población que se cataloga como la mayor consumidora de estos servicios, ellos son, los adolescentes. Si bien las plataformas ayudan a acortar distancias, a conocer amigos, a comunicarse con más facilidad, a obtener información y cultura; muchas de esas interactuaciones están causando un problema de salud mental, emocional y psíquico en muchos de nuestros niños, niñas y adolescentes, sin descontar adultos, matrimonios, empresas y “culturas urbanas” que se juntan para tal fin. Hablo del sexting o “sexteo” que se ha convertido en un fenómeno popular entre jóvenes y que va desde enviar por redes fotos, videos, conversaciones y demás con una intención claramente sexual y de voyerismo entre sus practicantes.

Estas prácticas suelen desarrollarse -casi siempre- con una alta conciencia de desconocimiento, llevados por el impulso erótico mal intencionado, una pobre autoestima, y una mínima capacidad de control psíquico y emocional. Agregándole a esto, un desinterés en la vigilancia y control en los padres de familia. Pero ¿Por qué se envían fotos semidesnudos? La respuesta de los expertos no convence; afirman que es por su edad, por la curiosidad sexual, o simplemente por “el morbo” que despiertan. Circunstancias todas que deben prender las alarmas en materia de salud pública y mental, y en el modelo de la familia que la sociedad hoy alimenta.

El sexting debería ser considerado, al menos en los proyectos educativos de escuelas, colegios y universidades, con una clara y sana antropología que parta del respeto por el cuerpo, su pudor y grandeza para la sana convivencia y proyecto de vida. El cuerpo es sagrado y es el vínculo que une lo espiritual y lo corporal; su dignidad debe ser valorada y jamás denigrada; con el cuerpo me comunico y expreso lo que en mi interior hay y quiero realizar; de ahí que someterlo al escarnio público con fotos, videos y conversaciones impúdicas puede traer fatales consecuencias.

El envío de material sexual ha evidenciado igualmente un problema gigante de acoso y amenaza de difusión del material, que sumerge a quien lo envió en patologías muy serias de depresión, aislamiento y hasta deseos de intentar el suicidio. Todo un drama social. El Papa Francisco en su reunión anual en el Vaticano con la comunidad internacional de medicina y trastornos biológicos y patológicos hizo un llamado a la OMS, para que incluyera en la lista de enfermedades del siglo a la pornografía en todas sus manifestaciones, especialmente las digitales. Decía el Papa: “es necesario incluir en los nuevos modelos de prevención y tratamiento de enfermedades devastadoras, la pornografía, ella está abriendo un vacío moral y existencial sin precedentes en familias, instituciones y estados. Y sentencia: “con la entrada de la pornografía a las pantallas digitales, se destruirán pueblos y culturas enteras”.

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