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domingo, abril 21, 2024

El sepulcro vacío

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El acontecimiento de la Resurrección del Hijo de Dios está antecedido por su sepultura. Narran los Evangelios que “Jesús fue bajado de la cruz por José de Arimatea y puesto en un sepulcro que nadie había usado aún”. A la humanidad “muerta” de Cristo le corresponde la novedad de un sepulcro, “que cuidado inicialmente por soldados romanos”, es el lugar para el acontecimiento “revolucionario” del Padre Dios, resucitar por la fuerza del Espíritu a su Hijo Amado, Jesucristo. La teoría del sepulcro vacío le ha dado la vuelta a la humanidad, allí aconteció el gesto esperanzador y único de un Hombre-Dios que regresa no al estilo de las culturas orientales, reencarnado, sino, Resucitado, esto es, como un ser Vivo y Vivificante, rompiendo todo presupuesto espacio-temporal, para instaurarse como Señor y Dios real, palpable, que incluso caminará con sus discípulos en el trayecto de Emaús.
María la Magdalena y María la de Cleofás han ido muy temprano al sepulcro y no han hallado el cuerpo del Señor, dicen las escrituras. El ángel les recibe en la puerta y con la piedra quitada, les proclama solemnemente que “no busquen entre los muertos al que esta vivo”. Las teorías no se dejaron esperar: que se robaron el cuerpo, que Jesús no alcanzó a ser bajado de la cruz y que los animales carroñeros lo habían desaparecido, que lo llevaron “escondido” al emperador y sumos sacerdotes; tantas y tantas teorías que al día de hoy no encuentran asidero ni explicación justificable.
La ciencia niega que un cuerpo pueda volver a la vida, para ella somos solo materia y desechos humanos; más lo que no prevé esta, es que la Resurrección de Jesús escapa a ella, porque en palabras del gran papa Benedicto XVI, lo sucedido al Hijo de Dios debe leerse dentro de “los cánones y preceptos de una mutación venida de lo alto, por el poder del único Dios Padre y creador de todo, que entregándonos a su Hijo en la cruz y resucitándolo nos devuelve el amor primero y original, ser llamados con Él y por Él a resucitar a una Vida Eterna” (Homilía día de Pascua Roma-2010) y agrega el Papa en su libro Jesús de Nazaret: “fue sepultado, con eso se hace referencia a una muerte real, a la plena participación en la suerte humana de tener que morir. Jesús ha aceptado el camino de la muerte hasta el final, amargo y aparentemente sin esperanza, hasta el sepulcro. Obviamente el sepulcro de Jesús era conocido y, naturalmente aquí se planteó de inmediato la pregunta: ¿acaso permaneció en el sepulcro? O, después de su Resurrección, ¿quedó vacío el sepulcro? Todo esto fue superado en la fe”.
Terminamos la Semana Santa 2024 y debemos interiorizar sea cual haya sido mi experiencia: ¿soy más feliz? ¿Deseo mejorar? ¿Qué espacio ocupa Dios en mi vida? ¿Necesito de una cercanía a Cristo? La piedra del Sepulcro de Cristo ya no está, porque simplemente, Él da sentido a todo y a todos.

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