El pederasta que quiso ser presidente

Alexander Ríos Arboleda

En cada región de Colombia se crían liderazgos que en ocasiones trascienden al ámbito nacional, unos por su excelencia académica y probidad haciendo con ello el viaje a posiciones de comando en la dirección de gremios o en la difícil tarea pública. Otros menos presentables, avanzan por sus mañosas acciones, estilo que les rinde, hasta que sus desvergonzadas pilatunas los hunden.

El señor Carlos Eduardo Caicedo Omar y como si fuera un relato macondiano merece un capítulo de análisis. Nació en Aracataca Magdalena y su formación académica en las universidades bogotanas de la Nacional y de los Andes, al igual que su liderazgo, le permitieron llegar a la rectoría de la Universidad del Magdalena, Alcaldía de Santa Marta y Gobernación de su departamento. Todos estos kilates adquiridos de la mano de movimientos de izquierda que lo inspiraron para aspirar en varias ocasiones a la Presidencia de la República de Colombia. No obstante, tanto galardón, no fueron óbice para transitar a las irregularidades que lo llevaron a ser condenado por malos manejos en contrato público, y lo mas grave, ser señalado de abusar de una menor de 8 años, hija de una de sus subordinadas que fue sometida a todo tipo de amenazas, para que no contara los hechos, y de paso dejarla por fuera del sistema de contratación estatal, método que usan los caciques regionales para cerrarle el paso a personas no deseables para ellos. Con esta valerosa denuncia contra Carlos Caicedo se sumaron otras, de personas que se sentían amedrantadas por el poder sin igual del dirigente de izquierda.

La protección de los cargos regionales de individuos como Carlos Caicedo, debe ser la tarea de quienes votan en las urnas, continuar perpetuando clanes políticos y proyectos familiares, desbordan los abusos y perpetúan el loteo del territorio, en donde no se mueve una hoja sin la autorización del rey.

El caso para laboratorio de Carlos Caicedo enmudece al país, por el cúmulo de horas que recibió de formación académica y, además las que impartió como docente y directivo docente, no es posible caminar por la vida haciendo daño con los recursos públicos y a eso sumarle la perversión, como manera de satisfacer aberraciones propias de un desquiciado mental.

P.D. De todo lo sucedido en Risaralda con el terremoto se debe hacer un documento, para compararlo con los eventos anteriores, no podrá justificarse construir de nuevo en sectores proscritos por las condiciones del suelo. ¿Cabrá en los nuevos Planes y Esquemas de Ordenamiento Territorial la técnica antes que la politiquería y la corrupción?

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