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lunes, febrero 26, 2024

El paquete de Fajardo

Es tendencia

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Iván Tabares Marín

Columnista

El gran desafío de los países desarrollados y democráticos se ha centrado en las desigualdades sociales o en dar mejores oportunidades a las comunidades de estratos bajos de competir con los privilegiados en el acceso a la educación y los mejores empleos o negocios. En nuestro país se han empleado estrategias fracasadas en los países del primer mundo como “Ser pilo paga” o la discriminación positiva para los estratos pobres o las comunidades negras e indígenas.

“Ser Pilo paga” se probó en el gobierno Santos con becas y un auxilio económico a los bachilleres pobres con las notas más altas para ingresar a la universidad escogida por el beneficiario. En los Estados Unidos se implementó un proyecto similar en los años cincuenta del siglo XX con una variación consistente en el concurso de todos los estratos sociales.

Una Prueba de Aptitud Académica (SAT por su sigla en inglés) no funcionó y favoreció a los privilegiados, pues pagaban tutores y su preparación previa era mejor; las tutorías por internet poco sirvieron para igualar las competencias. Además, se descubrió que las notas de secundaria eran mejor criterio para hacer la selección que el mismo SAT.

En Colombia también se ha usado la discriminación positiva. Tal como intenta ahora el movimiento feminista de favorecer a las mujeres para participar en política o en los cargos públicos con la única condición de su vagina. La discriminación positiva en el acceso a la Universidad solo exige el color de la piel o la pertenencia a una etnia o a un estrato bajo, sin consideración de las capacidades de los aspirantes y con discriminación de otros grupos sociales más o menos pobres. Obviamente este mecanismo es menos afortunado que el SAT gringo por su alto grado de deserciones, enormes costos, despilfarro de recursos y su nulo aporte al objetivo de la igualdad social.

El análisis de Michael J. Sandel, en su libro La tiranía del mérito, es muy oportuno cuando uno de los aspirantes a la presidencia de la República, Sergio Fajardo, ha propuesto una reforma educativa como la panacea de nuestras desigualdades y problemas. Nadie conoce el paquete de estrategias de Fajardo para enfrentar una reforma de esa dimensión.

Es obvio que Fajardo será el candidato de la Coalición de la Esperanza porque lo es de Claudia López. Los Verdes han basado su campaña electoral en líderes independientes o de otros partidos que aporten votos, pero ella siempre impone su voluntad.

La época actual tiene características especiales en materia educativa nunca enfrentadas por la humanidad: el magisterio es la base del electorado de la izquierda y no aceptará una reforma que limite sus privilegios; la desaparición de muchas carreras universitarias en los próximos años; más del 60 por ciento de nuestros egresados universitarios no encuentran trabajo en la profesión para la que se preparan; los jóvenes desprecian las carreras largas para un trabajo esclavizante o basura; la educación virtual se impondrá.

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