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jueves, febrero 22, 2024

El paquete chileno

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UTOPIAS

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Oscar Alberto Díaz Garcia

Columnista

En Colombia hubo antaño una estafa en la que estuvieron involucrados un fajo de billetes y un chileno. Debe haber sido suficientemente dañina e impactante como para quedar en el léxico colombiano. Y en resumen, la presencia del extranjero en la historia implica que  era un estafador itinerante;   ser extranjero facilitó la estafa y  le  dio mayor notoriedad,  convirtiéndola en leyenda.

Leyenda que no le hace justicia al talante de los naturales de ese bello país; he tenido la oportunidad de   conocer esas tierras del cono sur, con sus riquezas naturales, su extensa costa sobre el océano pacifico y   la idiosincrasia de un pueblo trabajador,  esforzado, de disciplina y de valores, que lo mantuvieron  como la economía más fuerte de la región.

Colombia recibió de Chile en los años  mil novecientos seis y siete  una misión militar a cuya cabeza estaban los capitanes de su ejército,  Arturo Ahumada y Diego Guillen; venían con el propósito de asesorar al entonces ministerio de guerra, en aspectos de orden administrativo y logístico. Cumplida esa labor,  recibieron  la misión de organizar y fundar una escuela de formación de oficiales, para nuestro ejército nacional: la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova. Y lo cumplieron a cabalidad.

Un país cuyo desarrollo ha sido por  décadas el más alto en la región, capaz de superar situaciones devastadoras como el gran terremoto del 2010, o de confrontar y resolver otras como el rescate de sus mineros, operación exitosa y afamada mundialmente, capaz de compartir enseñanzas y fundar escuelas de formación militar estilo Alemania y Prusia, pero aún más, un estado  que se deshizo del abyecto comunismo impuesto por Salvador Allende, quien puso la nación  al borde de la inviabilidad total, no merece la suerte que hoy tiene.  Suelen decir que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pero en este  caso  es una paradoja.   Se dejaron meter paquete chileno.

Es evidente que la corrupción de la clase dirigente arrojo en  brazos de los comunistas una juventud desenfocada que al hacer mayoría en las urnas, resolvió desconocer la historia de un pueblo luchador, disciplinado, heroico. Para rediseñar o  modificar los poderes del estado no es  necesario sembrar el caos,  eso es retroceder en lugar de evolucionar; mas no quisieron entenderlo. Para colmo de males, ponen a llevar la batuta de la orquesta a un jovenzuelo que lo único que sabe de música es chillar al son de los vidrios rotos de los tirapiedras de la primera línea.

Entre tanto nuestros jóvenes imitando  al país austral, confeccionaron  su  propio paquete chileno, que les  fallara, pues  además de inepto carece de agallas; a diferencia de  Boric,  el de aquí promueve  el caos y después  lo niega.  Su revolución  paralizó al país, acabo con  cientos de miles de empleos y llenó  de odio la juventud con su dialéctica mentirosa y cobarde.

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