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jueves, febrero 29, 2024

El oficio

Es tendencia

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

Esa reiterada insistencia en aludir a unos estados, ya sean emocionales, sociales o  culturales o de la materia mayormente tomada, obedece a una tendencia enraizada en el agobiante e iterativo anhelo de hallar un espacio donde nazca la posibilidad de encontrar la calma, la sensatez y en particular, un halo de paz y de tranquilidad en el alma y en el cuerpo. Y tal actividad no deja de constituir en uno, un oficio, una postura, un comportarse o un ser y estar en la complejidad del universo. Desde luego, el real y el verdadero, tiene asidero en épocas remotas y en colectividades de otra dimensión cuyos problemas y las situaciones de variado orden, merecían una diversa y más excluyente contemplación de los temas relativos al hombre y sus circunstancias. Quizás en algunas instancias y latitudes aflora  la reflexión alrededor de la existencia, de la obligación y el imperativo de una pauta en la comunidad, en el medio, de buscar respuestas a las inquietudes surgidas ante la arremetida de movimientos y de doctrinas, cada una procurando el triunfo sobre las demás y a consecuencia de ello, disfrutemos fortunosamente de una literatura y  escritores genuinos y profundos, en la forma de expresar su concepción del mundo exterior, de reaccionar a los embates de la propia progenie, no únicamente de los elementos , sino de todo aquello girando en el entorno. Y puesto  en escena y en un contexto parroquial, las diferencias entre  generaciones, subsisten y lo hacen a partir de un punto de vista progresista,  técnico, de los inventos, la política y hasta en la manera de obrar del género humano. Y es en este aspecto en el que estriba la razón y el motivo de las insulsas o caprichosas manifestaciones personales, en el cometido y objetivo sustancial de asumir una actitud hacia  lo circundante, a sí mismo, en un grito de libertad y de rebeldía, traducido en las creaciones artísticas extraordinarias brotadas de lo  recóndito de las  conciencias y   de las mentes. Aquí está precisamente el lugar considerado en el ambiente romántico y soñador, en el cual es agradable desplazarse  y explayarse de un modo y de un estilo seguramente ambiguo, repelente y repetitivo. De ahí el apego, el deleite y la satisfacción regodeándose en una clase de ejemplar nacido del romanticismo, de las  historias contadas en los grandes reporteros del pasado, en los gestos y espasmos de dolor plasmados en autores fruto de las crisis de los pueblos, de las guerras, las conquistas. Obviamente, la actualidad igualmente recepciona una calidad abundante de estos, por lo menos finalizando el famoso Boom, con García Márquez, Carpentier, Vargas Llosa y muchos dignos de agregarse, pues en la etapa corrida brilla una corriente de tipo económico y materialista, totalmente alejada de la preocupación terrenal y espiritual, del talento, la  belleza, la sensibilidad, para goce y placer en producciones de la talla de Platon, Homero, Mann o Stefhan Swig, citando solo los pocos de quienes no es exclusivamente el simple hecho de leer, también de pensar y de especular respecto del asunto.

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