Neverg Londoño Arias
Al lado opuesto del “individualismo exacerbado” que deteriora las relaciones entre las personas se encuentra la posibilidad de construir lazos de solidaridad para que a futuro se viva en mejores condiciones. La vida desde una posición altruista, solamente tiene sentido si se gasta en función de otros, propuesta que los humanistas llevan a una consideración ética y solidaria. La generosidad por su parte surge de unos aprendizajes intergeneracionales de familia donde se comprende el compartir y el darse cuenta de cuánto nos necesitamos. El futuro que comienza enseguida se mide en “esperanzas”; logros que a futuro determinan que todo lo deseado puede ser posible dentro de un contexto de cambios que muestran la dinámica social.
En los años posteriores a la última guerra mundial se aseguró un desarrollo constante y se activaron las relaciones entre las personas y los pueblos temerosos de un nuevo desastre. Los avances posteriores en ciencia, tecnología, política. economía, cultura y globalización a consideración del sociólogo Zigmunt Bauman desde el concepto de la modernidad líquida, “han llevado a los seres humanos a alejarse de aquello con lo que se mantenían unidos, la sociedad: ubicada en medio de cambios, inestabilidad e incertidumbre”. Esta posición alerta porque los vínculos personales dejan de existir y se pierde en forma definitiva la convivencia.
Los tratadistas del fenómeno político aseguran que “si se limita el egoísmo natural del ser humano se puede promocionar la igualdad, asegurando un mundo donde existan grados de mutua aceptación y permanentes oportunidades para todos”. De paso es importante reconocer las ventajas de lo que ha dado buenos resultados en la solución de los problemas cotidianos, para su aprovechamiento.
El humanista uruguayo Pepe Mujica afirma que el amor a la humanidad fluye desde la compasión apoyados en la coherencia y la sencillez: “Gobernar sin perder estos ideales ni caer en la ostentación. No es polemizar a favor de los pobres, sino favorecerlos para que dejen de serlo (…), trascender el interés individual en favor de una solidaridad profunda que priorice el bienestar de las futuras generaciones (…) un compromiso reflexivo que considere el impacto de nuestras acciones en la construcción de una comunidad humana basada en el respeto mutuo y la responsabilidad ética compartida”.
La lucha por la civilización y la solidaridad hacia las personas y los grupos humanos en su diversidad, deben ser una constante en la dinámica humana, un pensar en “nosotros”, para lograr la victoria esperada contra el egoísmo social.
