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domingo, febrero 25, 2024

El modelo de lucha contra la pobreza ha fracasado

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Cuando el presidente César Gaviria Trujillo lanzó en 1991 su plan de desarrollo “ Revolución pacífica”, Colombia tenía 32 millones de habitantes y 13 millones de ellos estaban en condición de pobreza. Hoy, 32 años después, la población colombiana suma 50 millones de habitantes y de estos, 18 millones viven en pobreza, de los cuales 7 millones están en condiciones de miseria.

La lucha contra la pobreza ha sido una constante en los diferentes gobiernos, a través de programas que se han ejecutado desde la Red de Solidaridad Social, la Red Juntos y la Red Unidos, entre otros. Todos los presidentes han tenido una estrategia, pero los resultados de cada una de ellas, no ha llenado las expectativas iniciales y las cifras demuestran las sucesivos frustraciones por los pocos avances..

La población aumentó en tres décadas el 56% y el número de pobres creció en igual periodo el 38,5%. Las inversiones han sido billonarias para tener resultados tan poco halagüeños. Y la respuesta ante esta circunstancia, parece radicar en unos modelos basados en subsidios, que no están diseñados para sacar a la gente de la pobreza, sino para paliarle sus necesidades y carencias.

El modelo imperante de lucha contra la pobreza sacó a millones de personas del mercado laboral y los convirtió en receptores de ayudas estatales, incapaces de solucionar sus problemas, volviéndose mucho más vulnerables a cualquier cambio de política pública por razones presupuestales.

Los subsidios deben ser temporales y no permanentes. Hay familias que están viviendo de los subsidios del Estado en los últimos treinta años. Dichos subsidios deben estar complementados con programas de capacitación e inserción laboral obligatoria. Las excepciones son para los ancianos y algunos grupos específicos que no tienen la capacidad de valerse por sí mismos y necesitan el auxilio del Estado.

Hoy existen 13 programas de ayudas para las personas vulnerables. Pero esa vulnerabilidad no impide que quienes están entre la población económica activa y tienen la capacidad física de trabajar, lo hagan. La realidad, sin embargo, muestra que hoy varios sectores económicos se enfrentan a la imposibilidad de conseguir mano de obra, porque los potenciales trabajadores y trabajadoras prefieren recibir el subsidio en sus casas que estar empleados.

Por eso resulta tan oportuna la intervención de la directora del Departamento de Prosperidad Social Laura Sarabia, quien considera los subsidios como una muleta para generar una ayuda y para contribuir a una transición. Ella es crítica de la política asistencialista de subsidios y transferencias económicas, tal como está planteada en la actualidad.  “Si seguimos generando políticas asistencialistas la gente no va a tener la conciencia de generar ingresos”, dice Sarabia.

Me sorprendieron sus declaraciones, porque nadie se había atrevido a poner en duda un modelo de lucha contra la pobreza, que paradójicamente no saca a la gente de la pobreza.

* Estos comentarios no comprometen a la RAP Eje Cafetero de la que soy subgerente de planeación regional

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