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viernes, junio 21, 2024

El mal uso de la retórica engaña y no deja gestionar

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POR: JORGE EDUARDO MURILLO MEJIA

Dentro de miles definiciones de Retórica, me limito a dar una sencilla definición donde quiero explicar, no lo bueno de su significado, sino los desastres que ocasiona la mala utilización de la retórica en el acontecer diario y sobre todo en cómo la utilizan los políticos, algunos gremios y los medios para defender sus intereses particulares. En términos generales, Retórica es el arte de bien decir las cosas, de dar al lenguaje escrito o hablado bastante eficacia para deleitar, persuadir o conmover; se habla además de ser una disciplina, por lo tanto, teórica y aplicada sobre la capacidad de convencer con el uso de la palabra. La Retórica es necesaria, la mayoría la utilizamos y es el principio para la argumentación, una buena retórica la utilizan los escritores, los intelectuales, los profesores, etc; una buena retórica la utilizan los congresistas en sus ponencias y debates; una buena retórica la utilizan los gobernantes en sus propuestas y desarrollo de su gestión; una buena retórica la utilizan los dirigentes gremiales para defender los intereses de sus agremiados y una buena retórica la utilizan los periodistas para expresar sus opiniones frente al acontecer diario. Todo esto está bien, es necesario y entre más preparación de todos los protagonistas se tenga, mejores serán los resultados globalmente, reflejándose en el bienestar de cualquier comunidad, nación o estado. El problema es cuando se llega a los excesos y se utiliza mal. En las épocas de los setenta hasta finales de los noventa, daba gusto oir la los políticos en sus intervenciones de buena oratoria o daba gusto oir personas haciendo uso de un buen lenguaje para todos llegar a ser precisos y concretos. En lo corrido de este siglo con la llegada de nuevas generaciones y mezclándose con la generación de los “Baby Boomers”, se llega a algo necesario como el pragmatismo con unos mecanismos exigentes de planeación estratégica para lograr objetivos; sin embargo, nos quedamos patinando en los excesos de la planeación y prospectiva, sin llegar eficientemente a los resultados. Surgieron los planeadores de las élites universitarias, qué siendo excelentes académicos, se dedicaron a unos exagerados diagnósticos en los problemas; la contratación estatal abusó para beneficio de pocos en contratar y contratar estudios de miles de problemáticas y cuando terminaban los gobiernos para ejecutarse los planes, llegaban los nuevos engavetaban los estudios y nuevamente a contratar diagnósticos, quedando como siempre el problema sin solucionar. A través de los medios de comunicación todos los días se enfrentan unos con otros, públicos y privados o entre ellos mismos, se abren miles de debates y oh sorpresa, uno los oye a todos y todos a través de la retórica tienen la razón. El problema es que con una mala retórica se engaña a la gente, el arte de hablar bonito en exceso no permite que se elaboren rutas críticas en la solución de problemas. Llegó la hora de desengavetar los estudios y diagnósticos para solucionar los problemas, hay que ser “dietéticos” a la hora de hablar, para poder ser efectivos en la gestión.

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