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jueves, febrero 29, 2024

El lodazal político

Es tendencia

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Crhistian Londoño Orrego

Columnista

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en un monstruo, cuando miras largo tiempo a un abismo también este mira dentro de ti”, F. Nietzsche.

La naturaleza humana es oscura e insondable, porque aún cuando aseguremos a viva voz que somos diferentes, que defendemos y respetamos a las minorías y a la divergencia, pero la realidad deslegitima las acciones, los apasionamientos siguen aún pasando factura generando odio, división y rencor entre familiares y amigos, se habla de respetar las diferencias y respetar la democracia, pero los fanatismos, la insensatez, los apasionamientos, nos roban la cordura y el intelecto deslizándonos sobre una delgada línea y sin darnos cuenta nos convertimos en lo que criticamos.

Aún no hemos salido de la patria boba, ni de la violencia por partidos, esto no es un problema estructural del Estado, es una contrariedad de la psique y el comportamiento humano que aún está arraigado en cada individuo y que pocos han podido entender, asimilar y transformar, como dice Thomas Sowell: “Una de las señales más tristes de nuestro tiempo es que hemos demonizado al que produce, se subsidia al que se rehusa a producir y se glorifica al que se queja”.

No podemos ser considerados una sociedad, colectivo o estado superior cuando nuestra mente aún no ha evolucionado al punto que se pretende llegar porque de una u otra forma somos fanáticos de nuestras ideologías propias y nuestras creencias limitantes, solo tenemos una percepción de superioridad, porque como lo resalta la UNICEF, el verdadero respeto a la diversidad es una habilidad profundamente interpersonal, la cual se precisa como el entendimiento de que las personas participan paritariamente en un mundo ético común, en virtud de su condición humana, al tiempo que se reconoce la singularidad y diferencias de cada individuo.

Pero de una u otra forma continuamos fragmentando, señalando, generando más y más odio, aquí no solo existe un responsable, todos somos culpables, solo que nos cuesta cargar con el peso y la responsabilidad de nuestras actuaciones insensatas, de la forma inapropiada como usamos y atropellamos el lenguaje y al otro, que aún cuando piense y sienta distinto es igual a mí por el simple hecho de ser un ser humano, sin importar raza, sexo, ideología, creencia religiosa, o identidad, todo esto es lindo en palabras, pero para muchos son solo letras muertas, vacías y utilizadas a su conveniencia.

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