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sábado, mayo 18, 2024

El IPC de 2021

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James Fonseca Morales

Columnista

La lucha contra la corrupción es la prioridad para la Corporación VIGÍA Cívica, por esa razón aplazamos la segunda parte de nuestra opinión sobre la movilidad local, para comentar los resultados para Colombia en el Índice Mundial de Precepción de la Corrupción (IPC) de 2021, publicado por Transparencia Internacional.

El IPC se mide en 180 países y territorios de todo el mundo, a partir de la percepción sobre la corrupción en el sector público que tienen especialistas y empresarios de cada uno de ellos. Las calificaciones oscilan entre «0» para el mayor nivel de corrupción y «100» que corresponde a la inexistencia de esa corrupción. Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda, con 88 puntos cada uno, son los países mejor calificados.

La comparación del IPC del año anterior con el de 2020, muestra un ascenso de cinco puestos para Colombia, lo que es una lectura engañosa, pues no se debe a una mejora en la calificación del país si no, a la desmejora de otros tantos que descendieron en el índice.

Nuestra Colombia sigue anclada, desde hace diez años, en la decena del 30, con 39 puntos ahora, calificación que comparte con Etiopia, Guyana, Kosovo, Macedonia, Marruecos, Surinam, Tanzania y Vietnam y que esta debajo del promedio de Latinoamérica marcado en 43 puntos y es uno de los 131 países en los que, a pesar de los compromisos hechos por sus sucesivos gobiernos, la corrupción no disminuye.

En Colombia la percepción a la que se refiere el índice no es el proceso cognitivo de reconocer el fenómeno a través de los sentidos, sino, casi un eufemismo para nombrar una serie de conductas que todo el mundo conoce, pero que, como se violaría la Ley al calificarlas de corruptas sin que existan pruebas con marco legal, es necesario dejar la certeza en solo opinión. Algo así como las brujas en las que Garay no creía por ser pecado, pero afirmaba: que las hay, las hay.

Esa percepción de corrupción está presente en todo el país, así las investigaciones que tienen gran despliegue mediático se circunscriban a las grandes defraudaciones cometidas en las grandes ciudades.

Nuestra región no es la excepción, aunque solo de tarde en tarde se investigue algún hecho de corrupción y más esporádicamente se conozca una condena. A pesar de lo cual la comunidad sabe quiénes hacen fiesta con los recursos públicos, pues sea cual sea la casa política que avale al gobierno de turno, suele verlos detrás o al frente de los escritorios públicos.

Sin embargo, tampoco es posible señalarlos, pues los protege la presunción de inocencia, mientras no se pruebe su intención aprovecharse de los bienes del Estado, lo que no resulta fácil; o han logrado paralizar las acciones fiscales con un «beneficio de auditoría”.

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