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jueves, junio 20, 2024

El imperio de los Cómodo

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Mis comentarios, a título personal, del libro Meditaciones, de Marco Aurelio; son estos: “Esta hermosa obra de pura y profunda reflexión, sorprende por lo sencillo de su prosa, pero abruma por el contenido y significado de cada palabra. Releer a Marco Aurelio nos muestra cómo ser mejores por decisión y convicción y nos ayuda a llevar a sus justas proporciones las preocupaciones que no dependen de nosotros y a trabajar en aquellas que sí. Libro imperdible en quienes queremos trabajar en nosotros mismos”.

Quien no halle inspirador al “emperador filósofo” y su filosofía estoica, es que poco o nada le conmueve.

Ahora bien, cuando se lee cualquier libro sobre historia de Roma, o se ve alguna película relacionada, sorprende, y mucho, es más, casi decepciona; enterarnos que el “emperador filósofo” tuvo por hijo a Cómodo. Y no sólo eso, sino que le heredó a ese, su hijo, el poder como emperador.

¿Por qué decepciona? Porque Cómodo fue, junto con Nerón y Calígula, uno de los más déspotas y desenfrenados emperadores romanos; tanto que el historiador Edward Gibbon señala el periodo de Cómodo como el inicio de la decadencia del imperio romano.

Y precisamente el historiador Edward Gibbon señala de Marco Aurelio: “La poca severidad de Marco que la disciplina rígida de los estoicos era incapaz de erradicar constituía, al mismo tiempo, la parte más amable y la única defectuosa de su carácter… Su excesiva indulgencia hacia su hermano, su esposa y su hijo traspasaba los límites de la virtud y se convirtió en afrenta pública por el ejemplo y las consecuencias de sus vicios”.

¿Se puede con el sólo ejemplo de virtud, cambiar a una persona o edificarla y hacer de esta un buen ser humano? No hay ejemplo más dramático y duro que este de Marco Aurelio y su hijo Cómodo. 

La respuesta es un absoluto no. Únicamente con el ejemplo no se lleva la virtud a nadie. Si no lo pudo uno de los más altos exponentes del estoicismo, menos lo vamos a hacer nosotros ni con nuestros hijos, ni con nuestros empleados, ni con nuestros vecinos, ni con nuestros estudiantes… en fin, el ejemplo es importante, pero se requiere además de eso, guía, corrección, mano firme, exigencia, y un sinfín de requisitos que sabemos que se requieren, pero que el medio insiste en un “buenismo” que literalmente nos está conduciendo a una sociedad tipo reinado de  Cómodo.

En un cambio abrupto, pero siguiendo este mismo hilo conductor, es conveniente plantearnos esta pregunta: En un país como Colombia, en donde la violencia ha sido una constante por décadas; en donde las grupos delincuenciales se destacan por su capacidad de daño y crueldad excesiva, en donde hay tanta proclividad a la ventaja deshonesta; ¿Podemos esperar que violentos, delincuentes y corruptos, cambien porque se les “invite” a ello?

Si somos racionales, sabemos, de sobra, que la respuesta es también un rotundo no. Pero inexplicablemente tenemos un aparato estatal y una cantidad de líderes que asumen que invitando a asesinos, a cambiar porque sí, vamos a corregir el rumbo.

Eso raya, o en la idiotez, en el exceso de bondad, o en la complicidad… También en este frente tendremos que corregir el rumbo y pronto.

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